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viernes, mayo 05, 2023

Pier Paolo Pasolini por Dino Pedriali

 
Pier Paolo Pasolini (1975)
Fotografía: Dino Pedriali
 
En realidad ante la relación entre Pasolini y Dino Pedriali podríamos decir que nos encontramos ante una historia de amor, una historia que en realidad no tuvo tiempo para ser vivida, pero que existió.
 
Pier Paolo Pasolini (1975) 
Fotografía: Dino Pedriali
 
En 1975 Dino Pedriali tenía 25 años. Un joven sin demasiada experiencia en, lo que acabaría siendo su profesión, la fotografía. Había trabajado como asistente de Man Ray, pero el punto de inflexión se produce gracias a Pier Paolo Pasolini, quien lo escogió para realizar las fotos de lo que sería su libro-testamento, "Petrolio", un libro que recogería todos los registros de Pier Paolo Pasolini, tanto de su escritura, entre notas y anotaciones como una carta a Moravia, una arqueología humana, una exploración de los misterios de la sexualidad junto a una muestra representativa de una Italia entre oscuras tramas de poder y masacres que quedaron impunes. Un libro que, tanto los textos como las fotografías no verían la luz hasta 1992, ya que como sabemos, Pasolini fue asesinado el 2 de noviembre de 1975 en el Idroscalo de Ostia. Un crimen que ha inspirado libros, documentales y películas, un caso aún sin resolver y sobre el que todavía hay demasiadas preguntas y demasiados misterios. 
 
Pier Paolo Pasolini (1975) 
Fotografía: Dino Pedriali
 
Pier Paolo Pasolini (1975) 
Fotografía: Dino Pedriali
 
Pier Paolo Pasolini (1975) 
Fotografía: Dino Pedriali
 
Pier Paolo Pasolini (1975) 
Fotografía: Dino Pedriali

Pier Paolo Pasolini (1975) 
Fotografía: Dino Pedriali
 
Pier Paolo Pasolini (1975) 
Fotografía: Dino Pedriali
 
Pier Paolo Pasolini (1975) 
Fotografía: Dino Pedriali
 
Según Dino Prediali, en una entrevista con Franca Leosini para un episodio de Storie Maledette "No fue un crimen político. Estoy convencido de que fue un asesinato que maduró en el ambiente de la prostitución masculina: es un asesinato que nació ahí, del rebaño, y no tiene nada que ver con la política". 
 
Pier Paolo Pasolini (1975) 
Fotografía: Dino Pedriali
 
Pier Paolo Pasolini (1975) 
Fotografía: Dino Pedriali
 
Pier Paolo Pasolini (1975) 
Fotografía: Dino Pedriali
 
Pier Paolo Pasolini (1975) 
Fotografía: Dino Pedriali
 
Pier Paolo Pasolini (1975) 
Fotografía: Dino Pedriali
 
Pier Paolo Pasolini (1975) 
Fotografía: Dino Pedriali
 
También afirma que "No hubiera tenido sexo con él, sólo amor. Me enamoré de Pasolini, pero nunca tuve la oportunidad de expresarlo". El problema entonces, como ya se mencionó, es que no hubo el tiempo necesario para que naciera ese sentimiento y poder vivirlo plenamente a pesar de la diferencia de edad, cultura y experiencia. Unos días antes de su muerte, Pasolini y Pedriali, pasaron un tiempo en la casa del escritor, cineasta y poeta en Sabaudia y luego en su amada villa de Chia, en el Viterbese, lugar donde el Pasolini se retiraba para escribir. Dino se convierte en una sombra tan presente como invisible que le espía en cualquier momento del día. Retratándolo mientras piensa, duerme o lee; con sus máquinas, la Giulietta gris y la Letter 22; lo fotografía en tejanos y camisa, con o sin gafas de sol negras. Consiguiendo un documento que ha acabado siendo icónico, tanto como el hombre al que representan. Pedriali también lo espía desde la ventana de esa casa con grandes ventanales que dan al jardín: se queda afuera y lo inmortaliza mientras se desviste y permanece desnudo mientras lee o recoloca objetos.
 
Pier Paolo Pasolini (1975)
En el puente Sabaudia 
Fotografía: Dino Pedriali
 
Pier Paolo Pasolini (1975) 
En el puente Sabaudia
Fotografía: Dino Pedriali
 
Pier Paolo Pasolini (1975) 
En el puente Sabaudia
Fotografía: Dino Pedriali
 
Pier Paolo Pasolini (1975)
En el puente Sabaudia 
Fotografía: Dino Pedriali
 
En dicha entrevista Pedriali, nos ofrece algo único, cómo se sentía Pasolini, un documento impactante ya que la noche siguiente, el cuerpo de Pasolini fue encontrado masacrado. "En esos días noté la profunda soledad que lo envolvía y lo desgarraba, vi a un hombre abandonado a sí mismo, algo que nunca había visto en nadie más. En el puente Sabaudia me dijo: mira este horizonte. Parece un paisaje del tercer mundo. Ya ni siquiera hay sitio para mí, ya nadie me quiere. Una frase impactante que no entendí en ese momento. Entre nosotros quedará un vínculo eterno”. 
 
 

martes, marzo 08, 2022

Pier Paolo Pasolini - "Profecía"

 
Pier Paolo Pasolini (1975)
Fotógrafo Dino Pedriali
 
Profecía, presagio o premonición del futuro. Este poema se publica en 1964 en el volumen " Poesia en forma di rosa", en posteriores ediciones irá retocándolo hasta su forma definitiva.Una característica fundamental es su forma de cruz, intrínsecamente relacionado con el contenido de los versos.

"Profecía"
 
A Jean Paul Sartre, que me contó la 
historia de Alí de los Ojos Azules
 
era un hijo en el mundo
y un día se fue a Calabria:
era verano y estaban
las cabañas vacías,
nuevo, pandizucchero,
de los cuentos de hadas de colores
del hambre. Vacío.
Como pocilgas sin cerdos, en medio de huertas sin lechugas, en campos
sin tierra, costas sin agua. Cultivado por la luna, el campo.
Las espigas crecieron por las bocas de los esqueletos. El viento del mar Jónico
sacudió la paja negra
como en sueños proféticos:
y la luna del color del hambre
cultivaba terrenos
que el estado nunca amó.
. Y era en el tiempo del hijo
que este amor pudiera
comenzar, y no comenzó.
El hijo tenia ojos
de paja quemada, ojos
sin miedo, y vio todo
lo malo: nada
sabía de agricultura,
de reformas, de lucha
sindicatos, organismos benefactores,
él - pero tenía esos ojos.
Cada campesino oscuro
había abandonado
sus chozas nuevas 
como pocilgas sin cerdos,
en claros coloreados por el hambre,
bajo montículos redondos
en vista del profético jónico.
Pasaron tres milenios
no tres siglos, no tres años, y se sintió de nuevo en el aire palúdico
la espera de los colonos griegos. Ah, cuánto tiempo, trabajador de Milán,
¿Lucharás solo por el salario? ¿No ves cómo te adoran estos de aquí?
Casi como un maestro.
te llevarían
de su antigua región,
sus frutas y animales,
fetiches oscuros, para tumbarlos
con el orgullo del ritual
en tu cuartito de novecientos,
entre el frigorífico y la televisión,
atraídos por tu divinidad,
Vosotros, de las Comisiones Internas,
tú de la CGIL, divinidad aliada,
en el seguro sol del norte.

En su tierra de razas
diferentes, la luna cultiva
una campaña que usted
lo procuraste en vano.
En su Tierra de Bestias
Familiar, la luna
es una maestra de almas que tú
modernizaste innecesariamente. Ah, pero el hijo sabe: la gracia del conocimiento
es un viento que cambia de rumbo en el cielo. Ahora sopla quizás desde África
y escuchas lo que el niño sabe por gracia. Si entonces no sonríe
es porque la esperanza para él
no era luz sino racionalidad.
Y la luz del sentimiento
de África, que de repente
barre Calabria, es una señal
sin sentido, válida
para tiempos futuros! Ahí:
dejarás de pelear
por el salario y armarás
la mano de los calabreses.
 
Alí de los Ojos Azules 
uno de los tantos hijos de los hijos, 
bajará de Argelia, en naves a vela y a remos. Vendrán 
con él millares de hombres, 
con sus cuerpitos y los ojos 
de pobres perros de los padres 
sobre barcas varadas en los Reinos del Hambre. Traerán consigo los niños, 
y el pan y el queso, en papeles amarillos del Lunes de Pascua. 
Traerán las abuelas y los asnos,sobre barcos robados en puertos coloniales. 
 Desembarcarán en Crotona y en Palmi, 
por millones, vestidos con harapos, 
asiáticos y de camisas americanas. 
 De pronto, los calabreses dirán, 
como de malandrín a malandrín: 
 “¡Ahí vienen los viejos hermanos, 
con hijos y el pan y el queso!” 
 De Crotona o de Palmi subirán 
a Nápoles, y de allí a Barcelona, 
a Salónica y a Marsella, 
a las ciudades de la Mala Vida. 
 Almas y ángeles, ratones y piojos, 
con el germen de la Historia Antigua 
volarán ante las willayas. 
 
Ellos siempre humildes 
Siempre débiles 
Siempre tímidos 
siempre ínfimos 
siempre culpables 
siempre súbditos 
siempre pequeños 
 Ellos, que nunca quisieron saber, ellos que sólo tuvieron ojos para implorar, 
ellos que vivieron como asesinos bajo tierra, ellos que vivieron como bandidos 
en el fondo del mar, ellos que vivieron como locos en medio del cielo, 
ellos, que se construyeron 
leyes fuera de la ley, 
ellos, que se adaptaron 
a un mundo debajo del mundo, 
ellos, que creyeron 
en un Dios siervo de Dios, 
ellos, que cantaban 
las masacres de los reyes, 
ellos, que bailaban 
las guerras burguesas, 
ellos que rezaban 
a las luchas obreras... 
 
...deponiendo la honradez 
de las religiones campesinas, 
olvidando el honor 
de la mala vida, 
traicionando el candor 
de los pueblos bárbaros, 
detrás de su Alí
 de los ojos azules - saldrán de debajo de la tierra para matar - 
saldrán del fondo del mar para agredir - bajarán 
desde lo alto del cielo para robar - y antes de llegar a París 
 para enseñarles el goce de vivir, 
antes de llegar a Londres 
para enseñarles a ser libres, 
antes de llegar a Nueva York 
para enseñarles cómo ser hermanos 
- destruirán Roma 
y sobre sus ruinas 
depositarán el germen 
de la Historia Antigua. 
 Luego, con el Papa y todos los sacramentos, 
subirán como gitanos 
hacia el noroeste, 
con las banderas rojas 
de Trotsky al viento... 
 
Pier Paolo Pasolini 
"Poesia en forma di rosa" (1964) 
 
 
Acceso al original en Italiano:




miércoles, febrero 22, 2012

Pier Paolo Pasolini: Plástica y Poesía

 
Pier Paolo Pasolini
Autorretrato, 1946
 
A algunos radicales
 
El espíritu, la dignidad mundana, 
el arribismo inteligente, la elegancia, 
el traje a la inglesa y el chiste francés, 
el juicio tanto más duro cuanto más liberal, 
la sustitución de la razón por la piedad, 
la vida como apuesta para perder como señores, 
os han impedido saber quiénes sois: 
conciencias siervas de la norma y del capital. 
 
Pier Paolo Pasolini
Narciso, 1947
 
Danza de Narciso 
 
Estoy negro de amor, 
ni ruiseñor ni muchacho, 
todo entero como una flor 
deseando sin deseo. 
 
Me he levantado entre las violetas 
mientras aclaraba 
cantando un canto olvidado 
en la noche serena. 
Me dije: «¡Narciso!», 
y un espíritu 
con mi rostro 
oscurecía la hierba 
al claro de sus rizos. 
 
De "La mejor juventud" 1941-1953
 
Pier Paolo Pasolini
Autorretrato, 1947
 
Pier Paolo Pasolini
Joven lavándose, 1947
 
Pier Paolo Pasolini
Paolo, 1950
 
Muerte 
 
Vuelvo a ti, como vuelve 
un emigrado a su país y lo redescubre: 
he hecho fortuna (en el intelecto) 
y soy feliz, tanto 
como hace tiempo lo era, destituido por norma. 
Una rabia negra de poesía en el pecho. 
Una loca vejez de jovencito. 
Antes tu alegría se confundía 
con el terror, es verdad, y ahora 
casi con otra alegría 
lívida, árida: mi pasión decepcionada. 
Ahora me das miedo de verdad, 
porque estás de verdad cerca, incluida 
en mi estado de rabia, de oscura 
hambre, de ansia casi de criatura nueva. 
 
De "La religione del mio tempo" 1961 
 
Pier Paolo Pasolini 
Autorretrato, 1965

 

lunes, diciembre 12, 2011

"Picasso" Pier Paolo Pasolini (1953)

 
 Yousuf Karsh. Pablo Picasso. 1954.

Picasso

I

Nel tremito d'oro, domenicale
di Valle Giulia, la nazione è calda,
silenziosa: la sua innocenza è pari

alla sua impurezza. Sembra arda
di popolare gioia, ed è una noia
irreligiosa che solare si sparge

sui floreali gessi e i gran ventagli
degli scalini. Non è questo
che l'atto in cui si sbriciola un'Italia

istituita, un anonimo ed onesto
atto di civiltà... C'è chi lo compie
tra le aiuole infuocate e il fresco

buio che le solca dai prorompenti
pini di Villa Borghese, chi
n'è riverberato nelle pompe

festive di Piazza di Spagna e si
confonde in un brusio che trasale
intorno monotono e stupendo: qui

è più acceso il senso di un'Italia
vibrante in un'antica nota
di pace, in una morte dolce come l'aria,

dove la classe più alta regna immota.

II

E per la scalea l'anonimo, anima
senza memoria, in un corpo immiserito
da secoli di sogni umilmente umani

di borghese esperienza, ormai è mitico
in questa domenica dorata
che lo vede chiaro nel chiaro vestito.

Come d'improvviso appare ornata,
la sua vita, di mite passione,
e la sua mente (dominata

dentro il cuore dell'Istituzione
dalla sua dignità dura e servile)
come pare arda, immune testimone,

d'umile desiderio di capire...

III

La prima tela dalla scorza intensa
e ròsa, in un gemmante arabesco
quasi artigiano, dipinta con terra

e nascosto fuoco: ancora fresco
lo spirito del vecchio anteguerra
vi mescola scandalo e festa,

l'abnorme del pensiero e il puro della
tecnica, e ardente e affumicata
la superficie i suoi toni inanella,

ceree corolle su zolla disseccata.
Insegna della Francia più alta,
quando il tramonto pareva un'infuocata

alba, e la disperazione espanta
pena del creare, e il frantumarsi
del secolo un suo disegno araldico.

IV

Ma già gli spumeggianti e crudi figli
in nuvole di biancore, in acciarini
contorni, con purezza di gigli

e carnalità di cuccioli ferini,
delineano pur nel lume di un'idea
degna di Velásquez, pur nelle trine,

l'eccesso di espressione che li crea.

V

L'espressione che sul pelo affiora
del quadro, come da intimità viscerali,
infetta di bruciante disamore,

e ne squassa la squama di tonali
dolcezze, che, se resiste, e anzi
irrigidisce, è per materiali,

inebbrianti cagli. Ma tra i balzi
graffianti del pennello, la zona
di quasi prativa luce, gli sfarzi

dei disaccordi, ecco l'Espressione:
che s'incolla alla cornea e al cuore,
irrichiesta, pura, cieca passione,

cieca manualità, impudico gonfiore
dei sensi, e, dei sensi, tersa noia.
A nient'altro che a questo ateo furore

poteva, nella cadente Francia, Goya
cedere la sua violenza. Qui, a esprimersi,
sono pura angoscia e pura gioia.

VI

Dentro l'ordinata processione,
orda del sentire e del fare,
non del credere, paesaggi, persone

sono scheletri in cui corporeo appare
il loro perduto essere oggetti:
esprimerli è esprimerne il male.

La civetta patrizia con sul petto
un avido verde o un viola che altro
senso non ha che infiammare se stesso,

o nell'occhio uno sgorbio, folle e scaltro,
a tradire; i fiori che s'incarnano
a un feto o una seggiola e uno smalto

di toni che li incera nel composto
ingranaggio; le spiagge dove gongola
la gioia di un cadaverico agosto,

in cui l'inventare ha una mongola,
monumentale libertà che nulla costa,
una brutale libertà che il mondo

trasfigura per l'ignota forza
che ha il vizio, che ha la voluttà
dell'esibirsi: tutto porta

ad una calma furia di limpidità.

VII

Quanta gioia in questa furia di capire!
In questo esprimersi che rende
alla luce, come materia empirea,

la nostra confusione, che distende
in caste superfici i nostri affetti
offuscati! La chiarezza che ne accende

le forme interne, li fa nuovi oggetti,
veri oggetti, né conta, anzi è coraggio,
benché delirante, che si rifletta

in essi l'onta dell'uomo che appannaggio
fa dell'Uomo, l'onta dell'uomo più
recente, questo, questo che con saggio

calore guarda evidenziata salire su
nelle atroci lastre la figura
di se stesso, la sua colpa, la sua

storia. Vede ridotte alla furia oscura
del sesso le esaltanti repressioni
della Chiesa, e dispogliata in pura

chiarezza d'arte la chiara ragione
liberale; vede celebrata
in riverberanti figurazioni

la decadenza della snervata
borghesia ancora avida nel miope
rimpianto e nel cinismo...

Ma che lietezza profonda e quieta
nel capire anche il male; che infinita
esultanza, che vereconda festa,

nell'accorata sete di chiarezza,
nell'intelligenza, che compiuta attesta
la nostra storia nella nostra impurezza.

VIII

Poi ecco, colmo, l'errore di Picasso:
esposto sopra le grandi superfici
che ne spalancano in pareti la bassa,

fittile idea, il puro capriccio,
arioso, di gigantesca e grassa
espressività. Egli - tra i nemici

della classe che specchia, il più crudele,
fin che restavi dentro il tempo d'essa
- nemico per furore e per babelica

anarchia, carie necessaria - esce
tra il popolo e dà in un tempo inesistente:
finto coi mezzi della vecchia stessa

sua fantasia. Ah, non è nel sentimento
del popolo questa sua spietata Pace,
quest'idillio di bianchi uranghi. Assente

è da qui il popolo: il cui brusio tace
in queste tele, in queste sale, quanto
fuori esplode felice per le placide

strade festive, in un comune canto
ch'empie rioni e cieli, borghi e valli,
lungo l'Italia, fino all'Alpi, spanto

per declivi falciati e gialli
frumenti - nei paesi della smarrita
Europa - dove ripete i balli

e i cori antichi nell'antica
aria domenicale Ed è, l'errore,
in questa assenza. La via d'uscita

verso l'eterno non è in quest'amore
voluto e prematuro. Nel restare
dentro l'inferno con marmorea

volontà di capirlo, è da cercare
la salvezza. Una società
designata a perdersi è fatale

che si perda: una persona mai.

IX

Sfortunati decenni così vivi
da non poter essere vissuti
se non con un'ansia che li privi

di ogni quieta conoscenza, con l'inutile
dolore di assisterne la perdita
nella troppa prossimità... Muti

decenni, di un secolo ancor verde,
e bruciato dalla rabbia dell'azione
non trascinante ad altro che a disperdere

nel suo fuoco ogni luce di Passione.
Le ultime stanze gremisce la pura
paura espressa in cristalline zone

d'infantile e senile cinismo: scura
e abbagliata l'Europa vi proietta
i suoi interni paesaggi. E matura

qui, se più trasparente vi si specchia,
la luce della tempesta; i carnami
di Buchenwald, la periferia infetta

delle città incendiate, i cupi camions
delle caserme dei fascismi, i bianchi
terrazzi delle coste, nelle mani

di questo zingaro, si fanno infamanti
feste, angelici cori di carogne:
testimonianza che dei doloranti

nostri anni può la vergogna
esprimere il pudore, tramandare
l'angoscia l'allegrezza: che bisogna

essere folli per essere chiari.

Pier Paolo Pasolini 1953
 
Yousuf Karsh. Pablo Picasso. 1954.
 

Picasso
 
I

En el dorado temblor dominical
del Valle Giulia la nación es cálida,
silenciosa: su inocencia es semejante

a su impureza. Parece como si ardiera
de alegría popular, y es un aburrimiento
irreligioso que se derrama

con el sol de los florones y los grandes abanicos
de los escalones. Este no es más
que el acto con el que se descompone la Italia

instituida, un anónimo y honesto
acto de civilización... Hay quien lo cumple
entre la hierba abrasada y la fresca

oscuridad que surge de las filas de exuberantes
pinos de Villa Borghese; otros
lo hacen reflejándose en las pompas

festivas de la Plaza de España y se confunden
con un rumor que se extiende alrededor
monótono y magnífico: aquí

está más encendido el sentido de una Italia
que vibra en una antigua nota
de paz, en una muerte dulce como el aire

en el que la clase más alta reina inmóvil.

II

Y por la escalinata el anónimo, alma
sin memoria de un cuerpo deteriorado
por siglos de sueños humildemente humanos

de burguesa experiencia- es ya un mito
en este dorado domingo
que le ve claro en su claro traje.

De pronto su vida aparece adornada
por suaves pasiones
y su mente (dominada

por su dura y servil dignidad
en el corazón de la Institución)
parece que arda, testigo inmune,

con el humilde deseo de comprender

III

La primera tela, de escorzo intenso
y rosa, con un brillante y casi artesano
arabesco, pintada con tierra

y fuego escondido: vivo aún
el espíritu anterior a la guerra
mezcla en él escándalo y fiesta,

la enormidad del pensamiento y la pureza
de la técnica, y la ardiente y ahumada superficie
donde ensortija sus tonos

cerúleas corolas sobre áridos terrones.
Emblema de la Francia más alta
cuando el atardecer parecía

un alba de fuego, y la desesperación espanta
la pena del crear, y el derrumbarse
del siglo parece un heráldico dibujo suyo.


IV

Pero ya los espumosos y crudos hijos
en nubes de blancura, con acerados
contornos, con pureza de lirios

y lujuria de cachorros feroces,
denotan incluso en la luz de una idea
digna de Velázquez, incluso en los encajes,

el exceso de expresión que los crea.

V

La expresión que del cabello aflora
en el cuadro, con una visceral intimidad,
infecta de ardiente desamor,

que sacude la escama de dulces
tonalidades, que, si resiste e incluso
se mofa, se debe a reales,

ebrios coágulos. Pero entre los saltos
y los rasguños del pincel vemos una zona
de luz verdosa, los aspavientos

de los desacuerdos; he aquí la Expresión:
que se pega a la córnea y al corazón,
no solicitada, pura, ciega pasión,

ciega destreza, impúdica hinchazón
de los sentidos, limpio aburrimiento.
Tan sólo a este furor ateo

podía, en la caduca Francia, ceder
Goya su violencia. Quienes se exprimen aquí
son la pura angustia y la pura alegría.

VI

En la ordenada procesión
-horda del oír y del hacer,
no del creer-, los paisajes, las personas,

son esqueletos en cuya forma aparece,
sus perdidas figuras:
expresarlos es expresar su mal.

La patricia lechuza con un ávido
verde y un violeta en el pecho,
sin más sentido que el de inflamarse a sí mismo,

o en el ojo un borrón astuto y loco,
traidor; las flores que brotan
de un feto, o de una silla, y un esmalte

de tonalidades que los abrillanta
en el educado engranaje; las playas
en que exulta la alegría de un cadavérico agosto

en el que inventar tiene una mongólica
y monumental libertad que nada cuesta,
una brutal libertad que el mundo

transfigura a causa de la ignota fuerza
que tiene el vicio, que tiene la voluptuosidad
de exhibirse tiene: todo conduce

a una apacible furia de limpidez.

VII

¡Cuánta alegría en este furor por comprender,
en este expresarse que saca a la luz,
como materia empírea,

nuestra confusión, que en castas superficies
extiende nuestros ofuscados afectos!
La claridad que enciende en ellas

las formas internas, las vuelve objetos nuevos,
verdaderos objetos, y no cuenta, sino que es coraje,
aunque delirante, que en ellos se refleje

la vergüenza del hombre que del Hombre
hace salario, la vergüenza del hombre
más reciente. De este hombre que con sabio

calor ve subir claramente,
en las horribles losas la figura
de sí mismo, su culpa, su

historia. Ve reducidas a la oscura furia
del sexo las exaltantes represiones
de la Iglesia, y desnuda, con la pura

claridad del arte, la prístina razón
liberal; ve celebrada
con brillantes figuraciones

la decadencia de la débil burguesía
ávida aún en su miope
remordimiento y en su cinismo…

Pero qué profunda y tranquila alegría
comprender también el mal, qué infinito
regocijo, qué púdica fiesta

en la pasional sed de claridad,
en la inteligencia que, completa, certifica
nuestra historia en nuestra impureza.

VIII

Y de pronto he aquí, desbordante, el error de Picasso,
expuesto sobre las grandes superficies
que abren en paredes la baja,

frágil idea, el puro capricho
airoso, la gruesa y gigantesca
expresividad. Él - el más cruel entre los enemigos

de la clase que refleja,
mientras quedaba en el tiempo de ella
- enemigo por furor y por babélica

anarquía, caries necesaria - sale entre el pueblo
y va a parar a un tiempo inexistente:
disimulado con los medios de su misma

antigua fantasía. Ah, no se halla en el sentimiento
del pueblo su despiadada Paz,
este idilio de blancos.

Ausente está aquí el pueblo, cuyo rumor
calla en estas telas, en estas salas,
cuando afuera estalla feliz por las plácidas

calles en fiesta, en un canto común
que invade barrios y cielos, calles y aldeas,
a lo largo de Italia, hasta los valles, derramando

por segados y amarillos declives
trigales - por los pueblos de la Europa
perdida- donde repite los bailes

y los coros antiguos en el viejo
aire dominical. Y el error
se halla en esta ausencia. La salida

hacia lo eterno no se halla en este amor
deseado y prematuro. Es en el permanecer
dentro del infierno con una voluntad marmórea

de comprenderlo donde hay que buscar
la salvación. Una sociedad
destinada a perderse es fatal

que se pierda: una persona jamás.

IX

Desafortunados decenios tan vivos
que no pueden ser vividos
sino con un ansia que los prive

de todo apacible conocimiento, con el dolor
inútil de tener que asistir a su pérdida
por su excesiva proximidad... Mudos

decenios de un siglo todavía verde,
y quemado por la rabia de la acción
que no conduce sino a dispersar

en su fuego toda luz de Pasión.
El puro miedo llena las últimas
salas expresado en zonas cristalinas

de infantil y senil cinismo: oscura
y alucinada Europa proyecta en ellas
sus paisajes internos. Aquí está madura,

si más transparente en ella se refleja,
la luz de la tempestad, las carnicerías
de Buchenwald, la periferia corrompida

de las ciudades incendiadas, los oscuros camiones
de los cuarteles fascistas, las blancas
terrazas de las costas, en las manos

de este zíngaro se tornan infames
fiestas, angélicos coros de carroña:
toestimonio de que de los dolorosos

años nuestros la vergüenza puede
expresar el pudor, transmitir
la angustia, la alegría: de que

es necesario estar locos para ser claros.

Pier Paolo Pasolini, 1953

lunes, enero 28, 2008

Pier Paolo Pasolini

 
 "Lo mejor de la vida es el pasado, el presente y el futuro"

Asomarse a la vida y a la cinematografía de Pier Paolo Pasolini es asumir el riesgo de caminar en el filo, de adentrarse en un mundo distinto, un mundo lleno de imágenes que se nos clavan en las pupilas como puñales y que difícilmente podremos olvidar.
 
Pier Paolo Pasolini nace en Bolonia el 5 de marzo de 1922 y encontrará la muerte, brutalmente asesinado el 2 de noviembre de 1972. El poeta de "Le ceneri di Granmsci", el narrador de "Una vita violenta" y a su vez director de oras como "Teorema", "Accatone", "Saló", moría como parte de una obra suya, asesinado por un ragazzo di vita. Pero hasta este terrible momento, este hombre polifacético, escritor, poeta y director cinematográfico, nos regalará su vitalidad y su visión de un mundo excesivo, de fuerte carácter pero de formas suaves y firmes convicciones se enfrentará tanto a la al catolicismo como al marxismo oficialista, (aún siendo él mismo un convencido cristiano y militante de izquierdas) como nunca antes se había vivido en Italia, poniendo dardos certeros contra la clase política Italiana, a los que acusará de obviar y olvidar a las clases suburbiales y campesinas a las que dicen defender y pidiendo un proceso de ineptitud contra ellos. 
 
 
 "Accattone"
 
Sus primeras películas como realizador, Accatone (1961) en la que describe el mundo del subproletariado amenazado por la llegada del bienestar y Mamma Roma (1962) en la que una prostituta buscará la redención por el amor a su hijo, son ejercicios de neorrealismo, en los que retrata personajes marginales, para continuar con su primera adaptación de un clásico literario Edipo rey (1967) de Sófocles. 
 
"Il Decameron"

Tras ese periodo comenzará un análisis crítico de la sociedad en sus siguientes obras, Teorema (1968) en la que nos muestra los estragos producidos en una familia por la llegada de un extraño o Pocilga (1969), cintas en las que mezcla elementos religiosos y profanos, una constante en su obra que se inicia en El evangelio según San Mateo (1964) la cual le reportará el respeto de la crítica, y continúa con otras adaptaciones de clásicos literarios, como en Medea (1970) basada la tragedia de Eurípides, y la "Trilogía de la vida" compuesta por El decamerón (1971), de Giovanni Boccaccio; Los cuentos de Canterbury (1972), de Chaucer y Las mil y una noches (1974), sobre el clásico de la literatura árabe, todas ellas obras maestras del cine. Su última película, Saló o los 120 días de Sodoma (1975), que combina una novela del marqués de Sade, el Infierno de Dante Alighieri, y un retrato de la República de Saló establecida por los fascistas en 1944, expresa su pesimismo sobre la liberación sexual y social 
 
 
"Salò o le 120 giornate di Sodoma"

30 años después el caso del asesinato de Pier Paolo Pasolini se reabría a la luz de las declaraciones de Pelosi, dice ante las cámaras de televisión que Pier Paolo Pasolini, en un momento en que él había salido del auto donde ambos se encontraban, había sido asesinado por tres personas."Y mientras lo golpeaban despiadadamente le gritaban "apestoso, puto y sucio comunista". ¿Por qué no lo dijo ante los tribunales?, le preguntaron. "Porque amenazaron con matarme a mí y a mis padres si hablaba". Según Pelosi, su revelación se debía a que sus padres ya estaban muertos y posiblemente también los asesinos.
 
 Fragmento epistolar, al muchacho Codignola, de Poesía en forma de rosa
 
Querido muchacho, sí, claro, encontrémonos,
pero no esperes nada de este encuentro.
Si acaso, una nueva desilusión, un nuevo
vacío: de aquellos que hacen bien
a la dignidad narcisista, como un dolor.
A los cuarenta años yo estoy como a los diecisiete.
Frustrados, el de cuarenta y el de diecisiete
pueden, claro, encontrarse, balbuceando
ideas convergentes, sobre problemas
entre los que se abren dos décadas, toda una vida,
y que, sin embargo, aparentemente son los mismos.
Hasta que una palabra, salida de las gargantas inseguras,
aridecida de llanto y deseo de estar solos,
revela su irremediable diferencia.
Y, además, tendré que hacer de poeta
padre, y entonces me replegaré sobre la ironía,
que te incomodará: al ser el de cuarenta
más alegre y joven que el de diecisiete,
él, ya dueño de la vida.
Más allá de esta apariencia, de este aspecto,
no tengo nada que decirte.
Soy avaro, lo poco que poseo
me lo guardo apretado en el corazón diabólico.
Y los dos palmos de piel entre pómulo y mentón,
bajo la boca torcida a furia de sonrisas
de timidez, y los ojos que han perdido
su dulzura, como un higo agrio,
te parecerían el retrato
precisamente de esa madurez que te hace daño,
madurez no fraterna. ¿De qué puede servirte
un coetáneo, simplemente entristecido
en la delgadez que le devora la carne?
Cuanto ha dado ya lo ha dado, el resto
es árida piedad.
 
 
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