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miércoles, enero 14, 2009

Salvador Alighieri, yo amé a Cernuda

28 de Mayo de 2007 el Diario Reforma de México

Vive amor de Cernuda

Por

Antonio Bertrán


(28-May-2007).- El gran amor de Luis Cernuda está vivo. Salvador Alighieri, aquel muchacho que el poeta sevillano conoció en México en 1951 y que lo decidió a dejar Estados Unidos para establecerse en el país, es hoy un hombre de 76 años que trabaja como técnico en un taller de curtido de pieles en Guadalajara.
Fisicoculturista, con 20 años y 1.62 metros de altura, "El Chocolate" Alighieri -así apodado por su piel morena- tenía cuando conoció a Cernuda todos los atributos que atraían al autor de La realidad y el deseo, quien tras vacacionar en México en 1949 había quedado prendado de "las flores que no pasan, los cuerpos oscuros".
Después de una segunda visita en 1951, el poeta, miembro destacado de la Generación del 27, regresó al Colegio de Mount Holyoke (Massachusetts), donde daba clases desde 1947, para renunciar y establecerse definitivamente en México en noviembre de 1952.
A partir de entonces se desarrolló entre los amigos una relación de "amor puro", cuenta Alighieri en una conversación sostenida en 2003 como parte de una larga investigación.
Cernuda, recuerda, aceptó incluso confirmar a su primogénito, Salvador, para establecer entre ambos el tan mexicano lazo del compadrazgo y así "amarrar una amistad, hacerlo más mío".
"Yo no quise a Luis Cernuda, yo amé a Luis Cernuda, fue tan grande el aprecio que le tuve".
A pesar de su influencia en la vida y la obra del poeta, la identidad del joven que le inspiró las 16 composiciones de Poemas para un cuerpo (1957) ha sido un enigma para los estudiosos. El propio Cernuda, siempre pudoroso, se preocupó por ocultarla, pero documentó con precisión la pasión "tardía" que le despertó.
En Historial de un libro (1958) lo identificó como "X": "Creo que ninguna otra vez estuve, si no tan enamorado, tan bien enamorado (...) jamás en mi juventud me sentí tan joven como en aquellos días en México".

Durante muchos años, los especialistas intuyeron que ese gran amor del poeta se llamaba Salvador, porque así se titula la primera composición de Poemas para un cuerpo. La única referencia con nombre y apellido la encontró el investigador de El Colegio de México James Valender al editar en 2003 el Epistolario (1924-1963) de Cernuda, con motivo del centenario de su natalicio.
 
En una carta dirigida al inglés Sebastian Kerr, del 16 de mayo de 1960, escribe: "Un amigo mío, Salvador Alighieri, al que tenía una amistad muy distinta de la que tengo a (Octavio) Paz, entre otras raras peculiaridades tenía la de no decirme jamás cuándo iba a marcharse fuera de México capital".

Ese muchacho de carácter inquieto y huidizo que, tras varios años de andar de trotamundos se estableció definitivamente en Guadalajara, habla ahora por primera vez del Cernuda íntimo, "mucho muy tierno".

'Yo lo defendía'

Cernuda conoció a Alighieri en el gimnasio Hércules de la calle de Tacuba. "Iba cada tercer día, hacía ejercicios muy ligeros como abdominales, un poco de sentadillas, de vez en cuando se metía a los aparatos, pero pesas hacía muy pocas; yo creo que lo que quería era no sentirse tan solo", recuerda quien entrenaba a diario para competir en certámenes de fisicoculturismo.
 
La amistad inició cuando el muchacho sintió que sus compañeros "empezaron a cargarle la mano (a Cernuda) con sus bromas", pues se burlaban de que era español y de su acento andaluz. "Yo lo defendía porque nosotros somos de ascendencia italiana -su padre era florentino y su madre mexicana-, y ahí empezamos a trabar amistad".
En 1951, Cernuda tenía casi 49 años de edad, mientras que Alighieri tenía apenas 20 -nació el 29 de diciembre de 1930 en la Ciudad de México-, estaba recién casado y ya era padre de un hijo, pero no sentaba cabeza. Como era atractivo y coqueto, las mujeres le sobraban.
 
"Luis me regañaba y aconsejaba como si fuera un padre. Íbamos a un café, el Night and Day, y ahí insistía en que no fuera tan loco, que respetara a mi mujer".
Alighieri acostumbraba visitar al poeta, primero en el Hotel Geneve, y después en su departamento de la calle Madrid. "Yo me ponía a hacer lagartijas en la alfombra mientras él me miraba, fumaba una pipa y hacía apuntes. Fui un tonto, pero creí que era una falta de educación ver lo que estaba haciendo".
 
Probablemente, el poeta escribía algunos de los versos de Poemas para un cuerpo, que se refieren a la contemplación de la figura amada. Alighieri no supo entonces de estos poemas, y saber cuatro décadas después de la muerte de su amigo que los inspiró, lo conmovió.
 


Siempre cerca

Amante del sol y de la playa, Cernuda invitó varias veces a su joven compadre a Acapulco. "Me decía 'tengo vacaciones y me quiero ir al mar, ¿vienes conmigo?'. Íbamos y pagaba todo. Debo decir que me ayudaba no sólo moral sino económicamente; una vez me dijo con su acento andaluz: 'Hombre, Salvaor, no tienes zapatos, te voy a comprar unos'. Me dio mucha pena".
La frialdad que caracterizaba al personaje que desde joven asumió la imagen clásica del dandy, se transformaba cuando estaba con Salvador.

Cernuda lo amaba, ¿cómo se lo demostró?
En sus ademanes, no tenía que abrazarme o besarme para demostrar esa ternura; la desbordaba a pesar de ser una persona muy seria. A veces me abrazaba muy fuerte, no como cualquier amigo, sino que irradiaba ese aprecio que por mi parte era correspondido.

¿Sabía que Cernuda era homosexual?
Sí, pero pienso que él creía que si hubiera pasado algo (carnal) se habría roto ese encanto que sentía.

¿Nunca lo deseó?
La verdad, nunca. Su desahogo era que yo estuviera con él, aunque no habláramos. No niego que alguna vez le di un beso en la mejilla porque yo lo sentía (ese deseo) y tenía ganas de demostrarle que lo quería.

¿Y él cómo lo tomaba?
Pues se dejaba, nada más se reía y se estremecía. Pero no pasaba de eso porque Luis no era amanerado, no tenía ojos más que para las clases que daba (en la UNAM), para sus poemas y creo que para mí también. Fue un amor puro, platónico.


Ni un adiós

La carta a Kerr describe la tendencia de Alighieri a fugarse, por lo que el poeta solía recriminarle: "¡Ay, Salvaor, tienes culo de mal asiento!". Cernuda escribió: "Jamás pude conseguir de él (Salvador), a pesar de nuestra amistad, que me dijese su marcha antes de emprender una. El procedimiento era: citarnos en algún sitio, y su no comparecencia. Ya comprenderá que mi mal humor llovía sobre él cuando aparecía luego".
Alighieri se reconoce plenamente en esa alusión. "Me embebía tanto en el gimnasio que no acudía, o se me atravesaba una muchacha, era una época en la que yo estaba muy loco, andaba de un lado para otro".
Un buen día, hacia 1955, el escurridizo joven desapareció definitivamente, como acostumbraba, sin decir adiós. Tenía problemas con su esposa, de la que luego se divorció y, aunque ya contaba con dos hijos, decidió irse a Nuevo Laredo. No pudo cruzar la frontera y se quedó a trabajar como recaudador en el puente internacional.
Ahí siguió practicando la pasión que se le despertó desde niño, el fisicoculturismo, que a finales de 1963 lo trajo a la Ciudad de México a una competencia, donde ganó el título de Mr. México Junior. También vino a casarse por segunda ocasión, unión que le dio cuatros hijos más.

"Entonces me dijeron que acababa de morir Luis (5 de noviembre de 1963) y me deprimí porque pensé que después de tantos años de no verlo había llegado para saber que ya no existía. No he vuelto a tener un amigo como él, esos amigos se tienen una sola vez en la vida, y hoy lo extraño mucho".
 
Fuentes: "Luis Cernuda: fuerza de soledad", de Jordi Amat (Espasa, 2002); "La realidad y el deseo", de Luis Cernuda (Consejo Nacional de Cultura, La Habana, 1965); "Luis Cernuda", de Luis Antonio de Villena (Omega, 2002); "Entre la realidad y el deseo. Luis Cernuda 1902-1963", de James Valender (Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales/Residencia de Estudiantes, 2002); "Luis Cernuda. Álbum", de James Valender y Luis Muñoz (Publicaciones de la Residencia de Estudiantes, 2002).


'Nada digo'

Luis Cernuda no se jactó de ser homosexual, pero tampoco lo ocultó. A partir de los años 30 escribió poemas de carácter homoerótico como El joven marino y A un muchacho andaluz. En ese sentido "dio -para su época- una asombrosa lección de naturalidad", afirma Luis Antonio de Villena.
En los versos finales del poema El mirlo, la paloma, de Los placeres prohibidos (1936), escribió:
"Porque algún día yo seré todas las cosas que amo:/ El aire, el agua, las plantas, el adolescente".
Otro poeta, Tomás Segovia, ha subrayado que lo divino para Cernuda era "la juventud de los bellos muchachos deseables que cruzan por su mundo".
De Villena afirma que el poeta "se enamoraba de un ideal, de un imposible", lo que confirma Poemas para un cuerpo, donde la relación con el amado es platónica: "Si yo te hablase/ Cómo el amor depara/ Su razón al vivir y su locura,/ Tú no comprenderías./ Por eso nada digo".

Así lo dijo

"Él (Cernuda) me quería como amigo, como hijo, como amante, me quería como todo lo que pudiera pasar, por eso digo que no lo aprecié, sino que lo amé por su forma de ser".

Salvador Alighieri
Fisicoculturista


Esta entrada no habría estado posible sin la estimable colaboración de Benjamín Arredondo quien en su día guardó este inestimable documento y que generosamente me lo ha cedido, Por todo ello muchas gracias. 

 

 

miércoles, septiembre 24, 2008

Los Placeres Prohibidos de Luis Cernuda

 
Luis Cernuda y Serafín Ferro (1932)
 
 El que sería el inspirador del poema en prosa "Los Placeres Prohibidos" de Luis Cernuda fue un actor coruñés, Serafín Ferro, el cual sería presentado a Cernuda por Federico García Lorca. Lorca se lo presentó a Cernuda con una nota en la que se lo recomendaba y en la que señalaba que lo había conocido tras “luchar con tres plumas”. El poeta sevillano perdería la cabeza por el coruñés, el cual no debía tener más de 21 ó 22 años. 
 
Serafín Ferro por Moreno Villa
 
La mejor descripción de Serafín Fernández Ferro nos la da el diplomático de la embajada chilena Morla Lynch: 
 
“Pienso nuevamente, mientras lo observo —escribe Lynch en sus diarios— en la bonanza que significa en este mundo poseer lo que yo llamo una fisonomía favorable. El chico la tiene en grado sumo, chispeante, simpática y agraciada. Pequeño de estatura, pero proporcionado, de cabellera ondulada y de tez ligeramente broncínea, tiene esa expresión, entre risueña y dolorida, propia de los adolescentes que acaban de atravesar por una infancia triste. No es un muchacho todavía, pero ya es algo más que un chiquillo: un Juan Bautista de la época en que Jesús era niño... Me conmueve en él esa tristeza indefinida que contrasta con su extremada juventud”. 
 
Pero quien mejor nos acerca a lo tormentosa que debió ser aquella relación es el investigador Francisco Chica el cual nos cuenta lo siguiente: 
 
“Fue muy posiblemente en marzo de 1931 cuando Cernuda conoció a Serafín Ferro, su amante a lo largo de más de un año. La aventura amorosa se correspondería con las fechas exactas en las que el poeta sevillano redacta los poemas de Los placeres prohibidos, libro esencial en el que culmina la vertiente surrealista del autor. El hecho explicaría si no el contenido total de la obra, sí la omnipresencia que adquiere el cuerpo en los poemas y el obsesivo ritual erótico al que obedecen muchos de ellos. ¿Quién es el protagonista de esta obra? Por lo que sabemos de él, Ferro había nacido en el seno de una familia obrera de A Coruña alrededor de 1912 o quizás algo más tarde. Fue Lorca quien lo conoció en Madrid en una de sus salidas nocturnas. El muchacho, ‘de gracioso gesto y voz dulce’, —en palabras de Lorca— no era entonces sino un vagabundo que solicita su ayuda y que acaba conmoviendo a Cernuda con el relato de sus andanzas. Presentado por Lorca a Aleixandre y Cernuda, será este último quien se convierta en su más directo protector y quien idealice hasta grados extremos la figura de quien —un mantenido al fin al cabo —acabaría sumiéndolo en la que quizás deba ser considerada como la más absorbente y atormentada historia amorosa de su vida”.
 
 Serafín Ferro por Ramón Gayá
 
Cuando en 1934 se publica "Donde habita el olvido", pocos serán los que se darán cuenta en un emotivo detalle de la impresión, la "s" en forma de serpiente y en rojo que aparecía en la contraportada, un último homenaje a una pasión desbordada y que Vicente Alexandre (el hasta ahora gran armarizado de la poesía española) decía lo siguiente: 
 
“Donde habite el olvido fue el fruto poético de su relación amorosa con un chico llamado Serafín, un chulito de barrio que le hizo sufrir mucho, pues el pobre Luis se enamoró perdidamente y el tal Serafín le hacía poco caso, salvo para pedirle dinero.”
 
 Serafín Ferro en la película L'Espoir de André Malraux
 
Ya quedaba muy lejos aquél abril de 1931 en que Cernuda le dedicaría el siguiente poema como un mensaje de amor:
 
"Como Leve Sonido"
 
Como leve sonido:
hoja que roza un vidrio,
agua que acaricia unas guijas,
lluvia que besa una frente juvenil;

Como rápida caricia:
pie desnudo sobre el camino,
dedos que ensayan el primer amor,
sábanas tibias sobre el cuerpo solitario;

Como fugaz deseo:
seda brillante en la luz,
esbelto adolescente entrevisto,
lágrimas por ser más que un hombre;

Como esta vida que no es mía
y sin embargo es la mía,
como este afán sin nombre
que no me pertenece y sin embargo soy yo;

Como todo aquello que de cerca o de lejos
me roza, me besa, me hiere,
tu presencia está conmigo fuera y dentro,
es mi vida misma y no es mi vida,
así como una hoja y otra hoja
son la apariencia del viento que las lleva. 
 
Ahora hace relativamente poco hemos conocido el nombre del otro joven que insufló nuevamente la pasión en el corazón de Luis Cernuda el fisioculturista mexicano Salvador Alighieri apodado "el chocolate"que por aquella época debería de contar unos 19 años, con lo cual se cierra el enigma entorno al poema "Salvador" de "Poemas para un cuerpo", por desgracia la entrevista que concedió al diario Reforma no es accesible, así como tampoco he encontrado imágenes de él para saber como era aquél que inspiró ese poemario.
 
"Salvador" 
 
Sálvale o condénale, 
Porque ya su destino 
Está en tus manos abolido. 
 
Si eres salvador, sálvale 
De tí y de él; la violencia 
De no ser uno en tí, 
aquiétala 
 
O si no lo eres, condénale 
Para que a su deseo 
Suceda otro tormento. 
 
Sálvale o condénale, 
Pero así no le dejes 
Seguir vivo y perderte. 
 
Antonio Rivero Taravillo "Luis Cernuda. Años españoles (1902-1938)" Editorial Tusquets  
 
Antonio Rivero Taravillo en este volumen abarca su vida hasta su partida al exilio en 1938, en plena convulsión bélica. Antonio Rivero recorre ambientes y circunstancias que serán claves en la obra del poeta: la hosca atmósfera familiar, Sevilla como ciudad amada y odiada, y, sobre todo, el despuntar y desarrollo de una vocación poética sentida ya para siempre como el deber de expresar el misterio del mundo y sus conflictos. En los años veinte y treinta –una de las etapas más interesantes de la poesía española contemporánea, con la eclosión de la Generación del 27– asistimos a la gestación de los primeros títulos de Cernuda, como Perfil del aire, Égloga, elegía, oda y esa primera culminación que significa Donde habite el olvido (1933). Por otra parte, además de situar cada uno de estos títulos en su contexto, esta biografía aporta nuevos y valiosos datos acerca del compromiso de Cernuda con el gran proyecto pedagógico de la Segunda República, las Misiones Pedagógicas, así como de la arriesgada circunstancia política que le tocó vivir en la Valencia republicana. XX Premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias. 
 
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miércoles, mayo 30, 2007

Luis Cernuda (1902 - 1963)


"Un hombre envejecido, elegante, sobrio, que desdeña la tristeza y acepta la tristeza porque es parte de su persona (y de su personaje). Un hombre que con fervor desea que la muerte le venga , y que se exalta con íntimo rubor ante el gozo y la luz juveniles de la vida. Un hombre escéptico, que ve en la pasión de amor el más alto tributo humano. Contradictorio, noble, arisco, afectuoso, rebelde, trabajador esmerado e implacable de su palabra poética, siente la dura dignidad (exilio, soledad, privaciones, diferencias) de una vida difícil".

Luis Antonio de Villena


Luis Cernuda, Vicente Aleixandre y Federico García Lorca , Madrid 1931

Un aspecto remarcable de la personalidad de Luis Cernuda será la naturalidad con la que acepta su condición de homosexual, en contraposición a cohetaneos suyos como García Lorca, Emilio Pardos o Vicente Aleixandre. En él no habrá dudas ni contradicciones. La lectura, en su adolescencia, del "Corydon" de Guide le producirá una inmediata identificación.

Cernuda "Entre la realidad y el deseo"

El homoerotismo de Cernuda prescindirá de lo real, sus poemas cantarán a marineros, campesinos y muchachos sorprendidos en su erotismo, poemas que aspiran al amor físico con muchachos rubios inalcanzables, liberación corporal y disfrute sexual moviéndose en el campo de los anhelos, carencia de presente, moviéndose siempre en el pasado o en el mañana.

"Los marineros son las alas del amor" 
(Palabras ocultas 1931)

Los marineros son las alas del amor,
son los espejos del amor,
el mar les acompaña,
y sus ojos son rubios lo mismo que el amor
rubio es también, igual que son sus ojos.

La alegría vivaz que vierten en las venas
rubia es también,
idéntica a la piel que asoman;
no les dejéis marchar porque sonríen
como la libertad sonríe,
luz cegadora erguida sobre el mar.

Si un marinero es mar,
rubio mar amoroso cuya presencia es cántico,
no quiero la ciudad hecha de sueños grises;
quiero sólo ir al mar donde me anegue,
barca sin norte,
cuerpo sin norte hundirme en su luz rubia.


El amor no obstante le llegará brevemente en 1954 y le inspirará "Poemas para un cuerpo", sobre este amante sólo he logrado saber que era un culturista

Luis Cernuda en la playa de Linera, Castropol (1935), Asturias

"Precio de un cuerpo"

Cuando algún cuerpo hermoso,
Como el tuyo, nos lleva
Tras de sí, él mismo no comprende,
Sólo el amante y el amor lo saben
(Amor, terror de soledad humana.)

Esta humillante servidumbre,
Necesidad de gastar la ternura
En un ser que llenamos
Con nuestro pensamiento,
Vivo de nuestra vida.

Él da el motivo,
Lo diste tú; porque tú existes
Afuera como sombra de algo,
Una sombra perfecta
De aquél afán, que es del amante, mío.

Si yo hablase
Cómo el amor depara
Su razón al vivir y su locura,
Tú no comprenderías
Por eso nada digo.

La hermosura, inconsciente
De su propia celada, cobró la presa
Y sigue. Así por cada instante
De goce, el precio está pagado:
Este infierno de angustia y de deseo.

"Vivir sin estar viviendo" nos acercará a un Cernuda exiliado alejado del día a día y al que le duele España, a la que ya no regresará. En 1962 cerrará sus poemarios con " Desolación de la quimera" en el cual sintetizará su obra tanto temática como emocionalmente con una mirada hacia la soledad y el deseo en tiempos pasados.

"Peregrino"
(Desolación de la quimera 1962)

¿Volver? Vuelva el que tenga,
Tras largos años, tras un largo viaje,
Cansancio del camino y la codicia
De su tierra, su casa, sus amigos,
Del amor que al regreso fiel le espere.

Mas, ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas,
Sino seguir libre adelante,
Disponible por siempre, mozo o viejo,
Sin hijo que te busque, como a Ulises,
Sin Ítaca que aguarde y sin Penélope.

Sigue, sigue adelante y no regreses,
Fiel hasta el fin del camino y tu vida,
No eches de menos un destino más fácil,
Tus pies sobre la tierra antes no hollada,
Tus ojos frente a lo antes nunca visto.

jueves, octubre 12, 2006

" Si el Hombre pudiera decir lo que Ama" Luis Cernuda

"Si el Hombre pudiera decir lo que Ama"
Luis Cernuda

Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo,
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.

Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido

De Los Placeres Prohibidos, 1931