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lunes, marzo 03, 2008

Juan de Tassis




Juan de Tassis y Peralta, Conde de Villamediana, es uno de esos personajes que pueblan nuestra historia y sobre el cual hay mas sombras que luces, lo cual le confiere un alto grado de misterio y cierto morboso interés. Destacó como poeta en el siglo de Oro español. Famoso en su tiempo, compartió batallas, en el mismo o en distintos bandos, con las más célebres figuras del barroco. Amigo e imitador de Góngora enemigo de Quevedo y despreció a Lope de Vega. Su vida se reparte entre los reinados de los Austrias Felipe III y Felipe IV, y por tanto del declive del gran imperio español. Según Luis Rosales el perfil de nuestro protagonista sería el siguiente:

"Bello, culto y galán, delicado y grosero, verídico y mendaz, espiritual y descreído, generoso, liberal y tahúr, mesurado e histérico, agudo y ciego, arrogante y pueril, ensimismado y ostentoso,discreto, afable, calumniador y sin respeto alguno"

Así don Juan de Tassis no sólo era un hombre culto y de fuerte preparación humanista, con un gran conocimiento de los clásicos, lo cual le llevaría a componer poesía, si no que también era un hombre bastante rijoso, de lo que dan constancia sus numerosas correrías amorosas, lo cual le granjearía rápidamente, en aquella España del S. XVII , fama de libertino,dandy, amante del lujo, de las piedras preciosas, los naipes y los caballos, lo cual le valdría el destierro (hay que ver como han cambiado las cosas) en dos ocasiones.

Pero el asunto que ha quedado más oscurecido ha sido su extraña muerte, el Conde de Villamediana morirá asesinado en la calle Mayor de Madrid a plena luz del día por Alonso Mateo e Ignacio Méndez, siendo lo más relevante quien se encontraba detrás y por qué, se sabe que detrás de este asesinato se encontraba el rey, Felipe IV, y el motivo no era otro que el escándalo que se avecinaba al haber la inquisición abierto expediente contra Juan de Tassis por sodomía con algunos esclavos negros. Y es que el buen señor sencillamente disfrutó de la vida , mientras le dejaron, disfrute en el cual supo coger y escoger, generando a su paso no pocas animadversiones, bien por maridos burlados , entre los cuales se supone al propio monarca, ya que queda constatado que en cierta justa en que el Juan de Tassis actuaba de rejoneador, la Reina Isabel de Borbón, volviéndose a su marido le dijo "Pica muy bien don Juan". Y Felipe IV contestó ominoso: "Sí, pica bien, pero pica muy alto." Siendo este el origen de la usada expresión "picar alto".
Bien por patrimonios arruinados, o heridos y burlados por su ágil pluma, sólo hay que leer el epigrama que le dedica al Duque de Lerma, que había conseguido el capelo cardenalicio para mayor seguridad propia, el famoso epigrama:

"El mayor ladrón del mundo
por no morir ahorcado
se vistió de colorado.

con lo cual no se puede decir que a su muerte hubiera demasiada gente que le llorara, ni que el expediente por sodomía fuera la principal causa de desear verle muerto. No obstante el escándalo de su asesinato y el sobreseimiento de este llevará a que varios insignes hombres de nuestro siglo de oro viertan en verso sus sentimientos, y lo más curioso es ver coincidir a Góngora y a Quevedo, este último enemigo del Conde le dedicará estos versos "que pide venganza cierta / una salvación en duda", por su parte su amigo Dn. Luis de Góngora le dedicará estos versos al poco de morir

"Mentidero de Madrid,

decidnos, ¿quién mató al Conde?
ni se sabe, ni se esconde,
sin discurso discurrid:

Dicen que le mato el Cid por ser el Conde lozano; disparate chabacano! La verdad del caso ha sido que el matador fue Bellido y el impulso soberano No obstante el proceso por sodomía continuará adelante lo cual llevará a la huida de la capital de bastantes nobles y siendo inculpadas desde criados y bufones de varias casas aristocráticas hasta sus mismos amos, entre ellos el primogénito del conde de Lemos, quien logrará poner mar por medio marchando a Italia para sobrevivir al castigo, no igual que sus sirvientes los cuales pagaron con la vida la culpabilidad del amo, sucumbiendo en la hoguera el 5 de diciembre de 1622 en la plaza Mayor de Madrid cinco personas: un bufón al que apodaban Mendocilla, un mozo de cámara del Conde de Villamediana, un esclavo mulato, otro lacayo de Villamediana y don Gaspar de Terrazas, paje del insigne duque de Alba.



Lo que si nos ha llegado con claridad a nuestros días son sus poemas, siendo en ellos temas recurrentes el silencio, el desengaño, la temeridad, el mito de Faetón y todos los relacionados con el fuego. En los cuales se muestra un cierto carácter introspectivo así como bastante narcisismo envuelto en un lenguaje culto con la introducción de cierta cantidad de novismos culteranos.


¡OH CUÁNTO DICE EN SU FAVOR QUIEN CALLA!

¡Oh cuánto dice en su favor quien calla!
porque de amar, sufrir es cierto indicio,
y el silencio el más puro sacrificio
y adonde siempre amor mérito halla.

Morir en su pasión sin declaralla
es de quien ama el verdadero oficio,
que un callado llorar por ejercicio
da más razón por sí, no osando dalla.

Quien calla amando, sólo amando muere,
que el que acierta a decirse no es cuidado;
menos dice y más ama quien más quiere.
Porque si mi silencio no os ha hablado,
no sé deciros más que, si muriere,
harto os ha dicho lo que yo he callado.