Leigh Bowery fotografiado por Nick Knight
A principios de los 80, en un entorno regresivo para las libertades individuales debido al creciente conservadurismo en la política, la sociedad y el arte además de marcados por el avance del SIDA, aparecerá en la escena nocturna londinense Leigh Bowery, el cual volverá todo lo anterior del revés.
Bowery, en un ejercicio de anticipación adelantará algunos de los postulados del movimiento queer, utizando su cuerpo como método de expresión a través del cual transmitirá sensaciones a su audiencia, dolor, miedo, placer con el único fin de deconstruir las caducas jerarquías sexuales. Extravagante e incorrecto personificará la subversión de todo valor establecido comenzando por la utilización de un vestuario cuyo diseño transgrede cualquier convención, alterará todos los cánones sobre la belleza y desdeñará cualquier distinción entre sexos, para lo cual se servirá del exceso en el uso del maquillaje y de la máscara, yendo más allá del simple travestismo, como una forma de borrar la identidad del yo y dejar emerger la identidad real pero oculta tras el convencionalismo.
Bowery fue más allá de lo que consiguió el movimiento punk o glam, no hay hedonismo en sus propuestas, ni tan siquiera una huida de la realidad, placer y dolor se entremezclarán en la búsqueda del autoconocimiento, en el deseo de descubrir la auténtica identidad ya que sino como encajaríamos el hecho de un Bowery colgado bocabajo con sus genitales repletos de pinzas de madera o cómo interpretar una acción en la que extrae de sus entrañas a una mujer desnuda embadurnada de sangre y lubricante, placer y el dolor conjugados en una unidad. Propuestas que enlazan con las performances más radicales de los años 60 y 70. Una actitud valiente que vivió rodeada por el escándalo y la necedad del entorno, una figura a recuperar huyendo del folklore ramplón y agobiante de estos tiempos y de los vendedores de falsos revivals faltos de contenido.
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www.leighbowery.com

