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martes, marzo 05, 2013

"Pandémica y Celeste" Jaime Gil de Biedma





Quaeris, quot mihi basiationes
tuae, Lesbia, sint satis superque.
quam magnus numerus Libyssae harenae
lasarpiciferis iacet Cyrenis,
oraclum Iouis inter aestuosi
et Batti ueteris sacrum sepulcrum;
aut quam sidera multa, cum tacet nox,
furtiuos hominum uident amores;
tam te basia multa basiare
uesano satis et super Catullo est,
quae nec pernumerare curiosi
possint nec mala fascinare lingua.

Preguntas cuántos besos tuyos, Lesbia,
Me satisfacen y superan.
Cuan grande es el número de arena libia,
Rica en laserpicio, que se extiende por Cirene,
Entre el oráculo del tempestuoso Júpiter
Y el sagrado sepulcro del viejo Bato;
O cuantas estrellas observan, cuando la noche calla,
Los furtivos amores de los hombres;
Tantos besos le satisfacen y le sobran
Al loco de Cátulo, que los curiosos
Jamás podrán contarlos
Ni mancillarlos con sus malas lenguas.

Catulo, VII

Afrodita de Milo
Museo del Louvre, París.
Afrodita Urania (Celeste)
 
"Pandémica y Celeste"

Imagínate ahora que tú y yo
muy tarde ya en la noche
hablemos de hombre a hombre, finalmente.
Imagínatelo,
en una de esas noches memorables
de rara comunión, con la botella
medio vacía, los ceniceros sucios,
y después de agotado el tema de la vida.
Que te voy a enseñar un corazón,
un corazón infiel,
Desnudo de cintura para abajo,
Hipócrita lector - mon semblable - mon frère!

Porque no es la impaciencia del buscador de orgasmo
quien me tira del cuerpo hacia otros cuerpos
a ser posible jóvenes:
Yo persigo también el dulce amor,
el tierno amor para dormir al lado
y que alegre mi cama al despertarse,
cercano como un pájaro.
¡Si yo no puedo desnudarme nunca,
si jamás he podido entrar en unos brazos
sin sentir -aunque sea nada más que un momento-
igual deslumbramiento que a los veinte años!.

Para saber de amor, para aprenderle,
haber estado solo es necesario.
Y es necesario en cuatrocientas noches
- con cuatrocientos cuerpos diferentes -
haber hecho el amor. Que sus misterios,
como dijo el poeta, son del alma,
pero un cuerpo es el libro en que se leen.

Y por eso me alegro de haberme revolcado
sobre la arena gruesa, los dos medio vestidos,
Mientras buscaba ese tendón del hombro.
Me conmueve el recuerdo de tantas ocasiones...
Aquella carretera de montaña
y los bien empleados abrazos furtivos
y el instante indefenso, de pie, tras el frenazo,
pegados a la tapia, cegados por las luces.
O aquel atardecer cerca del río
desnudos y riéndonos, de hiedra coronados.
O aquel portal en Roma en vía del Babuino.
y recuerdos de caras y ciudades
apenas conocidas, de cuerpos entrevistos,
de escaleras sin luz, de camarotes,
de bares, de pasajes desiertos, de prostíbulos,
y de infinitas casas de baños,
de fosos de un castillo.
Recuerdos de vosotras, sobre todo,
o noches en hoteles de una noche,
definitivas noches en pensiones sórdidas,
en cuartos recién fríos,
noches que devolvéis a vuestros huéspedes
un olvidado sabor a sí mismos!
La historia en cuerpo y alma, como una
imagen rota,
de la langueur goutée a ce mal d'être deux.
Sin desprecia
- alegres como fiesta entre semana -
las experiencias de promiscuidad.

Aunque sepa que nada me valdrían
trabajos de amor disperso
si no existiese el verdadero amor.
Mi amor,

Íntegra imagen de mi vida,

sol de las noches mismas que le robo,
su juventud, la mía,
- música de mi fondo -
sonríe aún en la imprecisa gracia
de cada cuerpo joven,
en cada encuentro anónimo,
iluminándolo. Dándole un alma.
Y no hay muslos hermosos
que no me hagan pensar en sus hermosos muslos
cuando nos conocimos, antes de ir a la cama.

Ni pasión de una noche de dormida
que pueda compararla
con la pasión que da el conocimiento,
los años de experiencia
de nuestro amor.
Porque en amor también
es importante el tiempo,
y dulce, de algún modo,
verificar con mano melancólica
su perceptible paso por un cuerpo
- mientras que basta un gesto familiar
en los labios,
o la ligera palpitación de un miembro,
para hacerme sentir la maravilla
de aquella gracia antigua, fugaz como un reflejo.

Sobre su piel borrosa,
Cuando pasen más años y al final estemos,
quiero aplastar los labios invocando
la imagen de su cuerpo
y de todos los cuerpos que una vez amé
aunque fuese un instante, deshechos por el tiempo.

Para pedir la fuerza de poder vivir
sin belleza, sin fuerza y sin deseo,
mientras seguimos juntos
hasta morir en paz. Los dos,
como dicen que mueren los que han amado mucho.

 Jaime Gil de Biedma

Afrodita de Cnido
Copia romana del original griego de Praxíteles
Colección Ludovisi
Afrodita Pandemos (Común)
 
 
 

miércoles, julio 08, 2009

Homoerótica en la poesia de Cayo Valerio Catulo

 
Catulo leyendo sus poemas
Stepan Bakalovich, 1885
Galería Tretiakov, Moscú

El tema Homoerotico aparece en la obra de Catulo bajo diversas formas. En algunos de ellos describe sus propias aventuras. Los poemas 24, 48, 81 y 99 están dirigidas a un aristocrático adolescente de nombre Juventius, y en ellos se explicita una pasión que no es correspondida.

XXIV Consejo a Juvencio

Tú que eres la flor de los Juvencios,
no sólo de los de ahora sino de cuantos
han sido y serán luego en los años venideros,
preferiría yo que hubieras dado las riquezas de Midas
a ese que no tiene ni esclavo ni arca
a que te dejaras querer por él.
"¿Por qué? ¿No es un hombre guapo?", dirás.
Lo es: pero no tiene ni esclavo ni arca.
Esto tú déjalo aparte y dale toda la poca
importancia que quieras:
es igual, ése no tiene ni esclavo ni arca.

XLVIII Besos a Juvencio

Esos ojos tuyos de miel, Juvencio,
¡quién me diera besarlos sin parar!
Sin parar los besaría trescientas mil veces,
y me parecería que nunca quedaría satisfecho,
ni aunque la cosecha de nuestros besos
fuera más rica que una de espigas africanas.

LXXXI No me lo explico

¿No pudo haber entre tanta gente, Juvencio,
otro hombre guapo, de quien empezaras a enamorarte,
sino ese huésped tuyo,
procedente de la moribunda Pesaro,
más pálido que una estatua amarillenta,
que ahora ocupa tu corazón
y a quien te atreves a preferir
a mí sin saber el crimen que cometes?

XCIX Robo de un beso

Juvencio, te robé un furtivo beso
-a ti, que eres de miel-
aún más dulce
que la ambrosía dulce.
Pero no lo hice impunemente:
recuerdo haber quedado mas de una hora
crucificado en alta cruz, y haber
tratado con gran llanto de borrar
un poquito tu áspera crueldad.
En cuanto te besé, tus parvos labios,
mojados por gotas incontables,
te limpiaste con todos tus deditos,
no fuera a contagiarte mi boca, como si fuera
la sucia saliva de una puta infectada.
Además, me has entregado, desgraciado de mí,
al cruel Amor para que de ambrosía aquel beso
se convirtiera en más amargo que el amargo eléboro.
Así que, si éste es el castigo que das
a mi desgraciado amor
ya nunca más robaré tus besos.

Narciso, Fresco Pompeyano
Casa de Marco Lucrecio Frontón, Pompeya

En el poema 21, nos parece un Catulo celoso que amenazas a Aurelio, el cual coquetea con su "chico". En el 15, encomienda irónicamente su amado al cuidado del mismo Aurelio, pero una vez más con amenazas. En el 56, Catullus describe jocosamente un encuentro sexual ocasional con un joven el cual está teniendo relaciones con una joven.

XXI Deja a mi jovencito

Aurelio, padre de las hambres,
no sólo de éstas sino de cuantas han sido,
son y serán en los años venideros,
quieres dar por el culo a mi amado.
Y no a escondidas: pues estás a su lado,
bromeáis juntos y, pegándote a su costado,
lo intentas todo.
En vano: porque a ti, que me tiendes emboscadas,
te haré yo primero que me la chupes.
Y, si lo hicieras estando harto, me callaría;
pero ahora me lamento por eso mismo,
porque mi joven de ti va a aprender
a pasar hambre y sed.
Por eso, déjalo
mientras te sea posible hacerlo decentemente,
no sea que pongas fin a ello
pero después de chupármela

XV ¡No toques a mi jovencito!

Mi persona y mis amores te los confío a ti, Aurelio.
Te pido un discreto favor: si en tu corazón
has anhelado guardar un deseo casto y puro,
presérvame púdicamente a este muchacho,
no digo de la gente (nada temo
a los que pasan por el foro
de acá para allá ocupados en su asuntos )
de ti tengo miedo y de tu miembro,
peligro para los muchachos,
tanto honrados como disolutos.
A ese tu menéalo por donde quieras, como quieras,
cuanto quieras, cuando esté preparado:
a este solo lo exceptúo, discretamente, según creo.
Porque, si un mal pensamiento o una insensata locura
te empujan canalla, a tan gran desatino
como para acosar mi cabeza con tus trampas,
entonces, ¡ay de ti, desdichado y de mala estrella,
que con las piernas separadas, por la puerta abierta,
te acosarán rábanos y mujoles!

LVI Sorprendidos en el acto

¡Qué situación, Catón, tan cómica y divertida,
digna de tus oídos y carcajadas!
Ríete, Catón, con la fuerza con que quieres a Catulo:
La situación es realmente cómica y divertida.
Hace poco sorprendí a un jovencito que lo intentaba
con una joven: entonces, a él yo,
con el perdón de Dione,
lo golpeé con la mía tiesa.

Una serie de poemas reflejan otras actitudes a la actividad homosexual. En 61, un matrimonio epithalamium o poema, Catullus describe cómo el esposo, que ahora entra en la vida matrimonial respetable, debe renunciar a su amante masculino.

Hombre Maduro y Joven en la cama
Botella de cristal (30 a C)
Estepa (España)

En algunos poemas (16, 28), actividades sexuales, tales como pedication y irrumation representan la dominación, la venganza, o el machismo. "Pasiva" la homosexualidad, la felación, y el afeminamiento, que a menudo invierte Catullus económicos así como asociaciones morales (25, 33, 80, 112), son ridiculizados.

XVI En defensa de su honradez

Os daré por el culo y me la vais a chupar,
Aurelio comevergas y Furio julandrón,
que, por mis versos, como son ligeros,
me habéis considerado un desvergonzado.
Es, de hecho, procedente
que el poeta honorable sea personalmente casto;
no es necesario que lo sean sus versos,
que, en definitiva, tienen sal y gracia
si son ligeros y desvergonzados
y pueden provocar las cosquillas,
no digo a los muchachos, sino a esos peludos
que no pueden mover sus duros lomos
¿Vosotros, porque habéis leído muchos miles de besos,
me consideráis poco hombre?
Os daré por el culo y me la vais a chupar.

XXXIII Una pareja depravada

Tú, el mayor ratero de los baños públicos,
Vibenio padre, y el bujarrón de tu hijo
(pues, si el padre tiene la mano derecha más corrompida,
el hijo el culo más insaciable),
¿por qué no marcháis al exilio
a alguna maldita costa, supuesto que los robos del padre
son notorios para el pueblo y tú, su hijo,
no puedes vender ni por un as tus peludas nalgas?

CXII A Nasón

Muy hombre eres, Nasón,
pero no es contigo muy hombre
el que se te agacha:
Nasón, eres también un gran mamón.

Por último, algunos poemas (como el 9, 30, y 50) reflejan el carácter apasionado de la amistad del mismo sexo en la antigüedad. El grado en que esos poemas son homoerotic es discutible. Algunos de ellos, sin embargo, pueden ser leídos por los lectores modernos como poemas de amor.

IX

Veranio, de todos mis amigos
antepuesto para mí a miles trescientos,
¿has venido a casa, a tus penates
y hermanos unánimes y vieja madre?
Has venido, oh para mí nuncios dichosos.
Te veré a ti, incólume, y te oiré de los iberos
narrando los lugares, hechos, naciones,
como la costumbre es tuya, y plegándome a tu cuello
agradable, tu boca y ojos suavemente besaré.
Oh, cuántos hay hombres más dichosos,
qué, que yo, más alegre o dichoso.

XXX

Alfeno ingrato y para tus unánimes amigos falso,
¿ya tú nada te compadeces, duro, de tu dulce amiguito?
¿Ya a mí en traicionarme, ya no dudas en engañarme, pérfido?
Y no los hechos impíos de los falaces hombres a los celestiales placen,
lo cual tú olvidas y, pobre de mí, me abandonas en mis males.
Ahay, ¿qué han de hacer, di, los hombres, o en quién han de tener fe?
Ciertamente tú, tú me ordenabas mi alma entregarte, inicuo,
induciéndome al amor, como si seguro todo para mí fuera.
Tú mismo ahora te retraes y tus dichos todos y hechos
que los vientos, incumplidos, se los lleven, y las nieblas aéreas, dejas.
Si tú olvidado te has, empero los dioses se acuerdan, se acuerda la Fe,
la cual, que a ti te pese pronto el hecho hará, tuyo.

L

De ayer, Licinio, en el día, ociosos,
mucho bromeamos en mis tablillas,
como convenía que fuera a unos chicos delicados.
Escribiendo versículos, cada uno de nosotros
bromeaba con un ritmo ora éste, ora esotro,
rindiendo su vez entre el juego y el vino,
y de allí salí, por tu gracia
encendido, Licinio, y tus donaires,
que ni, triste de mí, la comida me agradara
ni el sueño cubriera de quietud mis ojos,
sino por todo el lecho indómito de furor
diera vueltas deseando ver la luz
para contigo hablar y junto a ti estar.
Mas, agotados de fatiga mis miembros, después que
semimuertos en mi cama yacían,
este, alegre amigo, poema te hice,
por el que percibieras mi dolor.
Ahora, audaz guárdate de ser, y las preces nuestras,
te rogamos, guárdate de despreciar, ojillo mío,
no sus castigos Némesis te demande a ti.
Es una vehemente diosa: de herirla te guardarás.