dilluns, de maig 12, 2008

Oscar Wilde "De Profundis"

Oscar Wilde and Alfred Douglas Bosie, in Oxford spring, 1893

A: lord Alfred Douglas

[Enero-marzo de 1897] H. M. Prison, Reading

"Querido Bosie: Después de larga e infructuosa espera, he decidido escribirte yo, tanto por ti como por mí, pues no me gustaría pensar que he pasado dos largos años de prisión sin recibir de ti ni una sola línea, ni aun noticia ni mensaje que no me dieran dolor. Nuestra infausta y lamentabilísima amistad ha acabado en ruina e infamia pública para mí, pero el recuerdo de nuestro antiguo afecto me acompaña a menudo, y la idea de que el aborrecimiento, la amargura y el desprecio ocupen para siempre ese lugar de mi corazón que en otro tiempo ocupó el amor me resulta muy triste; y tú mismo sentirás, creo, en tu corazón que escribirme cuando me consumo en la soledad de la vida de presidio es mejor que publicar mis cartas sin mi permiso o dedicarme poemas sin consultar, aunque el mundo no haya de saber nada de las palabras de dolor o de pasión, de remordimiento o indiferencia, que quieras enviarme en respuesta o apelación".

Este es el arranque de una de las más amargas obras de Oscar Wilde, "De Profundis" al que fuera su amor, Lord Alfred Douglas, desde la prisión de Reading a la que le llevó en 1895 esta relación, debido a la demanda interpuesta por Wilde a raiz de una targeta de visita dejada por el padre de Bosie en el club al que acudía el afamado escritor y dramaturgo. En la nota el Marqués de Queensberry había escrito "To Oscar Wilde posing as a somdomite." Wilde creyó que su fama y su prestigio jugarían a su favor, olvidándose del enorme puritanismo e hipocresía de la sociedad victoriana, así como de la cantidad de gentes envidiosas de su éxito. La pérdida del juicio al que se vería sometido por "grave indecencia" llevaría a uno de los más grandes dramaturgos británicos , aunque era irlandés de nacimiento, a ser encarcelado por dos años en el penal de Reading.

"Te había dicho antes una infinidad de veces que ibas a ser la perdición de mi vida y esto te hacía reír siempre"


Oscar Wilde 1882 fotografiado por Napoleón Sarony

En esta larga carta, reflexiona desde la amargura de saber que algo ha fallado, expresa lo que siente, su amor, al que incomprensiblemente no renunciaría, ya que al salir de prisión volvería a vivir con Bosie en Nápoles, esta relación sólo duraría tres meses; y su sufrimiento, su pensamiento acerca de cómo habían sucedido las cosas e intenta hacer comprender lo que ve a esta persona, que parece incapaz de apreciar su amor y devoción, incapaz de corresponderle.

"Creí que la vida era una brillante comedia y que tú serías uno de sus encantadores personajes. Descubrí que era una tragedia indignante y repulsiva y con que tú, una vez caída la máscara del placer y la alegría, que lo mismo a ti que a mí podía habernos engañado y equivocado, eras el funesto instrumento que la impulsaba hacia las grandes catástrofes, funesto a causa de la tensión de sus anhelos y de la fuerza de su comprimida energía"

Ver también:

http://unviajeimposible.blogspot.com: De profundis



+información

http://www.wilde-online.info/

21 comentaris:

pon ha dit...

Habrá que aprender de la experiencia entonces....

@ELBLOGDERIPLEY ha dit...

Oscar Wilde era una máquina de lucidez para inventar y crear frases. Equivoquémonos mucho, entonces, sin miedo. Un abrazo, Pe-Jota.

Icaro ha dit...

Me parece que esta, es una de esas frases, cortas y contundentes.

Anònim ha dit...

PARAGUAY : LA CONCERTACIÒN OPOSITORA Y SU CENA CON PANTERAS
“Cínico es el hombre que sabe el precio de todo pero el valor de nada” (Oscar Wilde)
En su inmortal “Balada de la cárcel de Reading”, el escritor irlandés Oscar Wilde había escrito que con diferentes variantes, el hombre inexorablemente mata lo que ama. Wilde lo comprobó en carne propia cuando la misma aristocracia y nobleza victoriana, que había elevado su talento al Parnaso de la gloria artística, arrojó su nombre al abismo de la ignominia condenándolo a prisión, por enredos de su vida libertina con el hijo del honorable Marqués de Queenberry.
La misma relación de amor y odio que el genial dramaturgo supo describir con irrepetible gracia literaria, evidenciaron esta semana los miembros de la Concertación opositora en el Parlamento, apasionados amantes de la democracia que asestaron al objeto amado una estocada mortal, alimentando al mismo monstruo (la Justicia Electoral) por el cual serán devorados en el 2008. A la vez es al mismo objeto odiado al que le han dedicado incontables adjetivos descalificadores desde la prensa, y al que llenado de querellas en los tribunales, al que rinden el más lisonjero homenaje con el dinero público, aumentando por enésima vez su presupuesto.
Si algo podemos quitar en claro es que no debemos tomar muy en serio lo que dicen algunos grandes demócratas, que se llenan la boca condenando dictaduras, pero se elevan y se mantienen en sus puestos por los buenos oficios del informante del Comisario Cantero. Hemos podido comprobar en forma irrebatible que aceptan sin objeción a un represor como árbitro de la democracia en la Justicia Electoral, le aumentan el presupuesto, y todavía pretenden que se les crea cuando se autoproclaman como luchadores y “próceres” de la democracia. Increíblemente, también son los mismos personajes quienes airados reaccionan al sentirse agredidos, cuando desde el Caribe se les acusa de carecer de autoridad moral y política.
Todos los dictadores y tiranos siempre han buscado arrinconar al individuo, luego someter a escrutinio su individualidad y finalmente con todas las piezas domeñadas controlar al conjunto de la sociedad. Este régimen clientelista, prebendario y aniquilador que nos oprime, ha empezado de la misma manera apoderándose de cada uno de los partidos de nuestro sustrato político, los ha convertido en tributarios y hoy los humilla y denigra obligándolos a alimentarlo a pesar del supuesto odio que existe de por medio. La incoherencia es tanto o más notoria considerando que pretenden separar la labor legislativa de la política, y sobre ésta última no se discute, porque al fin y al cabo al final de la jornada también se puede subastar.
De sus “cenas con panteras” -como llamaba a sus inmersiones en el mundillo de la prostituciòn homosexual londinense a fines del Siglo XIX- aprendió Oscar Wilde el alto precio de los amores osados en una época marcada por la hipocresía moral, el cinismo político, la prepotencia colonialista y finalmente la más desproporcionada intolerancia imaginable. El dramaturgo demostraba estar conciente de los costos y riegos asumidos cuando decía que bajar a esos mundos subterráneos del Londres victoriano, era como estar siempre expuesto al zarpazo, al chantaje que tales licencias suponían a manera de resaca ineludible. Su percepción devino en vaticinio porque estos viajes demenciales y arriesgados entre dos mundos, el de Oxford y el de los barrios bajos, fueron la causa de una tragedia y humillación que terminó en desamor y odio.
Aquel hombre enviado a trabajos forzados por un amor prohibido, también comprendió que las formas de dar muerte al objeto amado podían adoptar las formas más inesperadas, desde una mirada amarga hasta una palabra zalamera. Estaba claro, por supuesto, que la madera de la que estaban hechos los hombres determinaba modos diferentes de dar muerte al objeto adorado; de allí que mientras los valientes lo hacían con la espada, al cobarde le bastaba un beso.
Incapaces de hacerlo a la manera de los valientes, nuestros próceres de la Concertación Opositora han entregado a la Democracia maniatada a sus verdugos, previo beso de Judas Iscariote. Exultantes y desbordados por el propio cinismo político, hoy se sacuden el polvo de la faena y junto a los represores que dicen repudiar, se disponen imperturbables a disfrutar de su última cena con panteras.

LUIS AGÜERO WAGNER
LA CONCERTACIÒN Y SU CENA CON PANTERAS
“Cínico es el hombre que sabe el precio de todo pero el valor de nada” (Oscar Wilde)
En su inmortal “Balada de la cárcel de Reading”, el escritor irlandés Oscar Wilde había escrito que con diferentes variantes, el hombre inexorablemente mata lo que ama. Wilde lo comprobó en carne propia cuando la misma aristocracia y nobleza victoriana, que había elevado su talento al Parnaso de la gloria artística, arrojó su nombre al abismo de la ignominia condenándolo a prisión, por enredos de su vida libertina con el hijo del honorable Marqués de Queenberry.
La misma relación de amor y odio que el genial dramaturgo supo describir con irrepetible gracia literaria, evidenciaron esta semana los miembros de la Concertación opositora en el Parlamento, apasionados amantes de la democracia que asestaron al objeto amado una estocada mortal, alimentando al mismo monstruo (la Justicia Electoral) por el cual serán devorados en el 2008. A la vez es al mismo objeto odiado al que le han dedicado incontables adjetivos descalificadores desde la prensa, y al que llenado de querellas en los tribunales, al que rinden el más lisonjero homenaje con el dinero público, aumentando por enésima vez su presupuesto.
Si algo podemos quitar en claro es que no debemos tomar muy en serio lo que dicen algunos grandes demócratas, que se llenan la boca condenando dictaduras, pero se elevan y se mantienen en sus puestos por los buenos oficios del informante del Comisario Cantero. Hemos podido comprobar en forma irrebatible que aceptan sin objeción a un represor como árbitro de la democracia en la Justicia Electoral, le aumentan el presupuesto, y todavía pretenden que se les crea cuando se autoproclaman como luchadores y “próceres” de la democracia. Increíblemente, también son los mismos personajes quienes airados reaccionan al sentirse agredidos, cuando desde el Caribe se les acusa de carecer de autoridad moral y política.
Todos los dictadores y tiranos siempre han buscado arrinconar al individuo, luego someter a escrutinio su individualidad y finalmente con todas las piezas domeñadas controlar al conjunto de la sociedad. Este régimen clientelista, prebendario y aniquilador que nos oprime, ha empezado de la misma manera apoderándose de cada uno de los partidos de nuestro sustrato político, los ha convertido en tributarios y hoy los humilla y denigra obligándolos a alimentarlo a pesar del supuesto odio que existe de por medio. La incoherencia es tanto o más notoria considerando que pretenden separar la labor legislativa de la política, y sobre ésta última no se discute, porque al fin y al cabo al final de la jornada también se puede subastar.
De sus “cenas con panteras” -como llamaba a sus inmersiones en el mundillo de la prostituciòn homosexual londinense a fines del Siglo XIX- aprendió Oscar Wilde el alto precio de los amores osados en una época marcada por la hipocresía moral, el cinismo político, la prepotencia colonialista y finalmente la más desproporcionada intolerancia imaginable. El dramaturgo demostraba estar conciente de los costos y riegos asumidos cuando decía que bajar a esos mundos subterráneos del Londres victoriano, era como estar siempre expuesto al zarpazo, al chantaje que tales licencias suponían a manera de resaca ineludible. Su percepción devino en vaticinio porque estos viajes demenciales y arriesgados entre dos mundos, el de Oxford y el de los barrios bajos, fueron la causa de una tragedia y humillación que terminó en desamor y odio.
Aquel hombre enviado a trabajos forzados por un amor prohibido, también comprendió que las formas de dar muerte al objeto amado podían adoptar las formas más inesperadas, desde una mirada amarga hasta una palabra zalamera. Estaba claro, por supuesto, que la madera de la que estaban hechos los hombres determinaba modos diferentes de dar muerte al objeto adorado; de allí que mientras los valientes lo hacían con la espada, al cobarde le bastaba un beso.
Incapaces de hacerlo a la manera de los valientes, nuestros próceres de la Concertación Opositora han entregado a la Democracia maniatada a sus verdugos, previo beso de Judas Iscariote. Exultantes y desbordados por el propio cinismo político, hoy se sacuden el polvo de la faena y junto a los represores que dicen repudiar, se disponen imperturbables a disfrutar de su última cena con panteras.

LUIS AGÜERO WAGNER







































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fire ha dit...

uf....tremendo comentario te dejaron aki pe-..
yo sere mas breve....
poco que añadir antes estos frqagmentos...
solo que es curioso que la vida apara unos sea comedia...para otros drama.....sin saber muy bien cuales son las causas que deciden esta suerte......

el titulo del post me recordo inevitablemente , y aunke no venga al caso a esta pelicula...
http://www.deprofundislapelicula.com/



asi que desde lo mas "profundis" de mi cariño bloguero...te mando este besazo
;-)

Capri c'est fini ha dit...

De profundis es sin duda su obra más dramática y menos artificiosa, debido a que es claramente autobiográfica. Fuera de los fastos de la fama, creo que Wilde lo pasó francamente mal en su vida (como explica en la obra). Vivió en una sociedad tremendamente hipócrita que aceptaba su excentricidad pero no su homosexualidad (y menos con un lord). Por eso es de admirar el humor que se gastaba y el ingenio que destilaba en todo lo que hacía. Un abrazo.

PD: Pe-jota, el artículo precioso, sólo un pequeño detalle, revisa la fecha del suceso que lo llevó a la cárcel.

Madame X ha dit...

Leer a Oscar Wilde en esta obra es conmovedor. Más conmovedor aún es que siguiera amando a quien tan miserablemente se portara con él.

Siento un profundo respeto por quien es capaz de amar así, aunque no sea nada recomendable.

Un abrazo.

Mery ha dit...

Me uno a las palabras de Madame.

Y también recuerdo que alguien me hizo creer, hace muchos años, que este libro no lo había escrito Wilde.
Un abrazo

El Deme ha dit...

Frente a la sencillez de los pequeños amores está la incongruencia de las grandes tragedias, en este caso, la denuncia y la cárcel. Es una pena darte cuenta que tu vida maravillosa no le gusta al Sistema y que por eso te castiga. Vivir escondido es muy triste, y una pena enorme.

MM de planetamurciano.tk ha dit...

Uff...Cuando leí esa obra de jovencito me impresionó un güevo, porke si Wilde tenía la lengua afilada, consigo mismo era casi como un latigo. Siempre me dije ke nunca me enamoraría de alguien tan repugnante como Bosley, y si me hubiese callao.....Pero es lo ke tiene el amor; ke no siempre se acierta.

Justo ha dit...

Oscar Wilde sigue siendo símbolo de la falsa aceptación hacia los homosexuales -aunque en las últimas décadas se haya avanzado tanto en nuestro entorno geográfico y económico-: "Te aceptamos mientras nos diviertas, tienes la obligación de ser ingenioso y complaciente las 24 horas, estar dispuesto a sacar lustre a nuestros zapatos y has de apañarte como puedas con tu vida amorosa y erótica; revuélcate por el lodo si hace falta pero nunca hagas alarde ni ostentación, nada de eso ha de salir a la luz del día, porque entonces te medirás con nuestras fuerzas y te arrepentirás de haber nacido".

En "De profundis" está tan vulnerable... pero aún con su sentido del humor, aunque ya tan amargo: esa frase que has rescatado de "Te había dicho antes una infinidad de veces..." merece ser uno de sus clásicos.
Besos

Alx Atwaters Daza ha dit...

A mí Oscar Wilde no me gusta demasiado; de hecho, cuando hablo demasiado con desconocidos, o en una fiesta, siempre me digo "no voy a ser el Oscar Wilde de nadie!!".

Empecé a leer el De profundis, pero no pude con él; me pareció demasiado... demasiado.... quejica... Es decir, ¿a quién se le ocurre enamorarse, si es ese el verbo, de un mocoso como ese?

Ya, ya lo sé; decirlo en frío es fácil, pero es lo que pienso de cualquier modo.

Uno no se enamora ciegamente; es posible, pero también en eso tenemos parte de responsabilidad, y, no sé, creo que echó por la borda su talento.

En fin, qué lío, espero que algo de lo escrito tenga sentido!!

Un abrazo De poco profundis

Rosadefuego ha dit...

He tenido oportunidad de leer "De profundis" una carta dirigida a quien fuera su amante; está llena de amargura y tristeza, muchos pasajes estan poblados de reproches.
Al leer "El retrato de Dorian Gray", es muy difícil no asociar el personaje principal a Alfred Douglas; un ser caprichoso y egoista.

Sibyla ha dit...

Al igual que a la escritora Marguerite Yourcenar, a Oscar Wilde
tampoco se le perdonó su homosexualidad...ni a F. G. Lorca.

Un beso:)

finnegan bell ha dit...

bueno, comentario uno (innecesario ya por reiteración): gracias por ese rayito de luz cultural que arroja usted sobre la blogosfera. de todo corazón.

comentario dos, sobre wilde: me cuesta mucho leerle. supongo que es porque lo veo un tipo (ya sé que es un topicazo) avanzado a su tiempo y saber esto me impide situar sus obras en el contexto temporal necesario. de hecho, cuando leí por primera vez 'el retrato de dorian gray', que fue lo primero de wilde que cayó en mis manos, tuve que dejarlo a medias. años después, para poder leerlo tuve que usar un truco: imaginé que la obra transcurría en la actualidad. y así me entró mejor.

bueno, vale, ya sé que es una ida de olla mía, pero quería compartir la experiencia.

muchos besos, caballero.

enkil ha dit...

A veces da la impresión de que el amor, irremediablemente va ligado al dolor, más tarde o más temprano. En fin, Wilde es sin duda uno de esos genios del que continuamente aprendemos algo.
Un abrazo pe-jota.

Champy ha dit...

De Profundis es base y materia obligada para nosotros, para los que aspiramos una vida mejor, para los que intentamos fidelidad personal.

Los tiempos no cambian, eso es lo lamentable.

Leo Carioca ha dit...

Ese es un personaje de quien se puede pasar toda la vida hablando.
Grande!

Mr. TAS ha dit...

todo un personaje del que no he llegado a indagar mucho.... una cuenta pendiente que sin duda debo resolver.

hermes ha dit...

Como dice Madame X es conmovedor leer a ese gran hombre enamorado de alquien que tan mezquinamente se había portado con él, pero así es la vida, eso ocurre muchas veces.

Un saludo amigo.

Senses & Nonsenses ha dit...

wilde, genio y figura
oye, pues voy a tener que leer de profundis, YA. me quedé en 'el retrado de dorian grey'.
me lo he pasado muy bien, un placer
cuídate.

un beso.