dimecres, de març 18, 2009

De Camille Saint-Saëns a Proust


Camille Saint-Saëns (1835-1921), es un personaje absolutamente fascinante debido a su carácter multifacético, conocido sobretodo como compositor y director se dedica a la música desde su infancia siendo un niño prodigio. Se dedicará también al estudio de la geología, la botánica, la arqueología y la entomología, así como también era un excelente matemático, y bastantes cosas más; pero el camino que nos llevará a Proust pasará por el ámbito en el cual es más conocido, el musical y en concreto el de la docencia.
Sus obras se caracterizan por su elegancia, y perfecta proporción y una técnica siempre impecable, siendo las más conocidas de ellas "El Carnaval de los Animales" y "La Danza Macabra".

Un hombre temperamental, batallador y enérgico de lo cual dio ejemplo. Fundó en 1871 la Société Nationale de Musique, orientada concretamente al fomento de la ejecución y la difusión de la nueva música francesa. La iniciativa, a la cual se adhirieron entre otros, Lalo, Franck, Bizet y Fauré, tuvo una gran importancia en sus aspectos de propulsión y organización. Aunque casado en 1875 con Marie-Laue Tufot jamás demostró demasiada querencia por el matrimonio, y aunque tuvieron de alguna manera dos hijos, tras la muerte de estos abandonaría a su esposa. Liberado ya de ataduras viajará alrededor del mundo relacinandonse con jóvenes efebos de diversas culturas, En un momento dado y ante la acusación de homosexualidad (Palabra que en aquellos momentos poseía una fuerte carga patológica) Saint-Saëns responderá "Je ne suis pas homosexuel, je suis pédéraste!" (lease en el sentido griego).

Camille Saint-Saëns - Danse Macabre



La composición está basada sobre un poema por Henri Cazalis, sobre una vieja superstición francesa: "la Muerte" aparece cada año en la medianoche del día de difuntos. La muerte tiene el poder de invocar a los muertos a abandonar sus tumbas para bailar para ella al son de su violín. Los esqueletos bailarán hasta el alba, cuando deben volver a sus tumbas hasta el próximo año.

Yo-Yo Ma interpretando "El Cisne" del Carnaval de los Animales



Una de sus múltiples actividades fue la docencia musical, y entre sus alumnos se encontraban Gabriel Urbain Fauré, André Charles Prosper Messager y Reynaldo Hahn.



Reynaldo Hahn (1874-1947)

"Hahn era un hombre joven, todavía no había cumplido veinte años, discípulo predilecto de Massenet, con quien estudiaba en el Conservatorio, y que ya destacaba como cantante, pianista y compositor. De raza judía, había nacido en Caracas, Venezuela, y vivía en París con sus padres y varias hermanas; tenía los ojos castaños, piel de clara tonalidad morena, facciones de severa belleza y lucía negro bigotillo. Proust lo conoció a principios de verano en las recepciones de los martes en casa de Mme. Lemaire, en la Rue Monceau..."

George D. Painter

Este es el retrato que el biógrafo de Marcel Proust hace del joven compositor, director y crítico de música Venezolano de origen vasco. El encuentro anteriormente reseñado se producirá en 1984, cuando Marcel Proust, tres años mayor que Hahn, era aún poco conocido pero con quien enseguida nacieron lineas de entendimiento, su amor por la literatura, el arte y Fauré, y ya se sabe una cosa lleva a otra y acabaron como amantes, en una relación que duró hasta 1896, un año después de que Proust comenzara a escribir su obra maestra " A la búsqueda del tiempo perdido". De su relación nos ha quedado "Portraits de peintres" (1896) un trabajo que consta de texto hablado y acompañamiento de piano, así como el hecho de que el personaje de Vinteuil de " Un amor de Swann" se base en la figura de Saint-Saëns gracias al consejo de Reynaldo Hahn.


1- Albert CUYP

" Cuyp, soleil déclinant dissous dans l'air limpide
Qu'un vol de ramier gris trouble comme de l'eau,
Moiteur d'or. nimbe au front d'un bœuf ou d'un bouleau,
Encens bleu des beaux jours fumant sur le coteau,
Ou marais de clarté stagnant dans le ciel vide.
Des cavaliers sont prêts, plume rose au chapeau,
Paume au côté; l'air vif qui fait rose leur peau,
Enfle légèrement leurs fines boucles blondes,
Et, tentés par les champs ardents, les fraîches ondes
Sans troubler par leur trot les bœufs dont le troupeau
Rêve dans un brouillard d'or pâle et de repos,
Ils partent respirer ces minutes profondes."


Y para terminar creo que nada mejor que leer este homenaje a Marcel Proust que Reynaldo Hahn le dedicó en la Nouvelle Revue Française de 1 de Enero de 1923

Promenade

Conocía a Marcel Proust sólo desde hace poco del tiempo, cuando fuimos invitados, ambos, a pasar algunos días en el campo en casa de una amiga. En nuestras escasas conversaciones había admirado la amabilidad ingeniosa de Marcel, su milagrosa rapidez de comprensión, su sentido de lo cómico; pero no sospechaba su genio, del que yo iba a tener la revelación, sólo, poco a poco, y aunque sospechaba el que era alguien extraordinario. Sabía que escribía, pero no hablaba de eso, no había leído nada de él y no se parecía en nada a los hombres de letras a los que frecuentaba.


El día de mi llegada, fuimos juntos a pasear por el jardín. Adelantábamos un ribete de rosales de Bengala, cuando de repente se calló y se paró. Me paré también, pero empezó entonces a caminar, e hice lo mismo. Pronto se paró de nuevo y me dice con esa dulzura infantil y un poco triste que conservó siempre en el tono y en la voz: " ¿ Acaso esto le enfadaría que me quede un poco atrás ? Querría ver de nuevo estos pequeños rosales. " Lo dejé. A la vuelta de la alameda, miré detrás de mí. Marcel se había regresado hasta los rosales. Habiendo dado la vuelta al castillo, lo encontré en el mismo sitio, mirando fijamente a los rosas. La cabeza inclinada, la cara seria, guiñaba, las cejas ligeramente fruncidas como por un esfuerzo de atención apasionada, y con su mano izquierda empujaba obstinadamente entre sus labios un trozo de su pequeño bigote negro, que mordisqueaba. Olía que me acercaba, que me veía, pero que no quería hablar, ni tan siquiera moverse. Pasé pues sin pronunciar una palabra. Pasó un minuto, luego oí a Marcel que me llamaba. Me volví; corría hacia mí. Me reuní con él y me preguntó si " me había enfadado ". Lo calmé riéndome y reiniciamos nuestra interrumpida conversación. No le pregunté sobre el episodio de los rosales; no hice ningún comentario, ninguna broma: comprendía oscuramente que no hacía falta...
¡ Que de veces, más tarde, asistí a escenas similares! Que de veces observé a Marcel en estos momentos misteriosos cuando comulgaba totalmente con la naturaleza; con el arte, con la vida, en esos " minutos profundos " cuando su ser entero, concentrado en un trabajo transcendental de penetración y de aspiración alternadas, entraba, para decirlo así, en estado de trance, donde su inteligencia y sus sensibilidad sobrehumanas, mediante una serie de fulgores agudos; o bien por una infiltración lenta e irresistible, alcanzaban hasta la raíz de las cosas y descubrían lo que nadie podía ver, - lo que nadie, ahora, jamás verá.



Philippe Jaroussky - "À Chloris" (Reynaldo Hahn)

+ Información

http://reynaldo-hahn.net/

11 comentaris:

Vulcano Lover ha dit...

Interesante es que hables de ellos, porque si bien tuvieron vidas interesantes como músicos no dejan de ser ambos unos segundones. Con cierta capacidad para la melodía o la orquestación, pero mucho más mediocres que muchos otros músicos de sus generaciones. Curiosamente no mencionas la que creo que es la única obra de Saint Saëns que yo salvaría, que es su ópera Samson et Dalila...

para completar tu post.
La celebérrima mon coeur s'ouvre a ta voix
http://www.youtube.com/watch?v=2CNAKeqHZIM

y la menos conocida pero sugerente bacanal, que a mí me encanta.
http://www.youtube.com/watch?v=YPgknqBXg8Y

Luz de Gas ha dit...

Vaya no sabes lo que te agradezco la entrada, aparte de las conexiones entre los dos, quería saber un poco más de Proust y no me había puesto.

Genial, un abrazo

Gabriel François ha dit...

Interesante. No me parece que la homosexualidad de Saint-Saëns sea tan conocida, ni bien documentada. Donde encontrastes la respuesta: "Je ne suis pas homosexuel, je suis pédéraste!"?

MM de planetamurciano ha dit...

Gran historia, para no variar de las ke se leen por akí.
La descripción ke hace Reynaldo Hahn de Proust me parece de un cariño y de una ternura preciosa.

Yolanda ha dit...

uiss, para comentar esta estrada tengo que hacer antes un master jejejeje, bueno Javi, ya me pongo! Bsitos

Xavier ha dit...

Interessant, i junt amb les aportacions de Vulcano el tema dona per molta estona.
I com diu la Yolanda…………………………..m’hauré de posar a estudiar.
D’en Philippe Jaroussky m’agrada Alto Giove, de Nicola Porpora. La podria escoltar de seguit constantment. ¿ com poden existir aquestes veus?
No m’he pogut estar de penjar-la.

Breckinridge ha dit...

El cambio de siglo es fascinante. En París, en Viena, en Londres, en Nueva York y en España. Reynaldo Hahn está olvidadísimo, como Ernest Chausson, uno de mis compositores favoritos, y es una pena. Ambos pusieron música a poemas de Verlaine. A Saint-Saëns no es que se le recuerde mucho, pero perdura aunque sólo sea por "Mon coeur s'ouvre à ta voix", de Sansón y Dalila, una de mis arias de ópera favoritas.

senses or nonsenses ha dit...

lo leí anoche, lo he leído esta mañana, y no sé hasta donde me trasporta, porque llego al final con la sensación de no haber entendido nada.
no me hagas caso, un post genial.

un besaZo.
me acosté contigo, y a tu lado me he despertado. un placer...

Madame X ha dit...

Amores prohibidos, música, pasión... Evocaciones de primavera.

Estás peltórico, mi querido Pe-jota.

Justo ha dit...

Pues no seré yo menos: me ha encantado el post: la danse macabre, el personaje de Vinteuil -¡estoy a medio de la recherche, voy terminando la parte de los Guermantes!-, Proust entre los rosales de Bengala..

(Muchas gracias por una información tan bella)

Un beletrista ha dit...

La danza macabra apareció por primera vez en mi vida alrededor del año 2003 y desde entonces que nunca nos separamos. Di con ella casualmente, seguía la pista de otra danza macabra, la de August Strindberg, así fue como conocí a Camille Saint-Saëns. Pe-jota, muchas gracias por descubrirme tanto, más, de él.

Las palabras de Reynaldo Hahn me han provocado una erección.