diumenge, de setembre 09, 2007

Inéditos de W. H. Auden


Tres textos de juventud del mítico poeta, hasta ahora olvidados o pasados de largo por los investigadores de la obra de Wystan Hugh Auden, han sido descubiertos en la revista del internado de Gresham, en el condado de Norfolk, donde W. H. Auden brilló académicamente entre 1920 y 1925.

Leer más : Unknown poems by Auden unearthed

7 comentaris:

mismilcosas ha dit...

Seguro que los descubridores se hacen con unas pelas ahora que salieron a la luz...
Muasmuas

ManuelKawamaS ha dit...

odio ke todas las kosas de un intelektual brillen y tomen importancia despues de ke éste murio...

¬¬

Senses & Nonsenses ha dit...

no he leído nada de él. sé que era gay y punto.
la relación con christopher isherwood (el de 'cabaret', mejor dicho 'adiós a berlín')era sólo profesional o tb afectiva? lo sabes?

un abrazo.

el chico de la chaqueta azul ha dit...

auden es un poeta a los que siempre apetece volver así que esta ocasión de descubrir nuevas palabras suyas es toda una fiesta..un saludo

Vulcano Lover ha dit...

Cómo haces para enterarte de tantas cosas?????

Besos.

@ELBLOGDERIPLEY ha dit...

Sólo tengo un libro en edición bilingüe aquí ahora, para recomendar,si a alguien le interesa Auden. Se trata de "Otro Tiempo"(Another Time) en la colección Pre-Textos, La Cruz del Sur, editado en 1993 en Valencia. La edición está bastante cuidada y el libro es una pasada. Un besote.

Anònim ha dit...

FUNERAL BLUES
QUE PAREN TODOS LOS RELOJES.


W. H. Auden
Parad todos los relojes, cortad los teléfonos,
Impedid, con un jugoso hueso, que el perro ladre,
Callad los pianos y, con un apagado tamborileo,
Mostrad el ataúd, dejad que las plañideras se acerquen.
Que los aviones hagan círculos, gimoteando, sobre nosotros,
Garabateando por el cielo el mensaje: Ha muerto,
Poned crespones en los cuellos blancos de las palomas,
Dejad que los guardias de tráfico porten guantes de algodón negros.
El fue mi Norte, mi Sur, mi Este y mi Oeste,
Mi semana de trabajo y mi descanso de domingo,
Mi amanecer, mi medianoche, mi voz, mi canción;
Pensaba que el amor duraría siempre: estaba equivocado.
No se desean ahora estrellas: apagadlas una a una;
Olvidaos de la luna y desmantelad el sol;
Lejos verted el océano y barred el bosque.
Pues ahora de ninguna manera pueden traer nada bueno.