viernes, marzo 30, 2012

La Mirada de Carl van Vechten II


1940, El bailarín Hugh Laing

Las fotografías homoeróticas realizadas por Carl van Vechten van más allá de ese simple hecho, nos descubre el hecho homosexual allí donde había sido suprimido, celebrando la sensualidad del desnudo masculino, revelándonos el auténtico objeto de deseo de van Vechten. Una visualización del deseo homoerótico cuando era bastante peligroso exteriorizarlo.

Modelo desconocido (1947)

Hugh Laing y otro bailarín


Estas fotografías fueron producidas en secreto entre los años 30 y 40 del siglo XX, vieron la luz pública en 1989 ya que nunca fueron exhibidas en vida de Van Vechten, así como tampoco existía ninguna mención de ellas, probablemente circularon dentro de un círculo cerrado de gran confianza de Van Vechten. Constituye un tesoro de la historia visual, social y cultural gay e interracial de la era pre-Stonewall que aún no ha sido debidamente estudiado y contextualizado.






El bailarín Bill Earl (1948)

El bailarín Bill Earl (1948)

+ Información:

Bajo el Signo de Libra: La Mirada de Carl van Vechten
http://www.thefreelibrary.com/Van Vechten secret.

martes, marzo 27, 2012

Marlon Brando, Unzipped


 
Marlon Brando hizo de la seducción su forma de vida, gracias a un magnetismo sexual que no distinguía géneros. Mantuvo una relación de carácter edípica con su madre que sería el origen de su forma compulsiva de amar y de vivir. Con 20 años abandonó su Omaha natal y conquistó Hollywood a los 30 gracias a "Un tranvía llamado deseo". Darwin Porter repasa en "Brando unzipped" la vida de este actor que dejó un camino sembrado de corazones rotos, dormitorios vencidos e impresionantes interpretaciones.
 
Pennsylvania Station 
 
 Una tarde de mayo de 1943, Brando con 19 años, llegó a la Penn Station de Manhattan llevando un sombrero de fieltro de color cereza sabiendo que era diferente a los demás actores además de estar seguro de que las multitudes lo aclamarían. Años después declararía que "quería patear el culo de Nueva York". Brando era el perfecto narcisista seguro de su impresionante físico, cosa que pudo constatar en las miradas de los hombres con los que coincidió en los urinarios de la estación. Su rostro mantenía deliberadamente una expresión hostil, producto de su conciencia sobre del magnetismo sexual que ejercía sobre las mujeres y los hombres. 
 
 
 
 
Mientras se abría camino en los territorios teatrales del off Broadway, se dedicó a realizar chapuzas: camarero en un restaurante de Bleeker Street, ayudante de un vendedor de sándwiches en la Quinta Avenida, reponedor en unos grandes almacenes o vendedor de limonada en Central Park. Cuando logró reunir algún dinero se matriculó en los cursos de teatro del New School for Social Research dirigidos por el refugiado alemán Erwin Piscator, quien según su biógrafo Darwin Porter, le presentaría a Einstein. Años después declararía que "Albert y yo teníamos mucho en común. Los dos nos tiramos a Marilyn Monroe; pero creo que él era mejor que yo en ese aspecto". Uno de los alumnos de Piscator, Walter Matthau, llegó a decir que Marlon quería ser actor para "tirarse a todo el mundo". Lo dijo porque antes de convertirse en actor, se hizo un cuadro de trofeos que habría envidiado el mismísimo Giacomo Casanova. 
 
Marlon Brando (2º dcha.) y su hermana (1ª izda.) con unos amigos en su casa en 1948 
 Marlon Brando y su gato (1950)
 
La lista interminable de sus conquistas comenzó con la adinerada colombiana Celia Webb, que tenía 10 años más que él. Como su marido estaba en la guerra, se entretuvo con el joven de Nebraska. Brando recordaría en sus memorias que "Celia jamás llevaba bragas y cuando paseaban de noche por las calles, la llevaba a un oscuro callejón y la empalaba contra una pared". En 1948, cuando Brando logró su primer éxito teatral, Celia se dio cuenta de que jamás se casaría con ella. Caroline Burke, su segunda amante neoyorkina, inauguró la larga lista de las relaciones simultáneas "Pertenezco a todas las mujeres del mundo. ¿Por qué el resto de las mujeres no iban a tener derecho a una pequeña prueba de mi valía?".
Richard Olney, Retrato de James Baldwin, 1954
 
Cuando por azar entró en la cafetería Hector´s, en la esquina de la Cuarta con la Séptima, un escritor aún en ciernes llamado Norman Mailer le presentó a su colega negro James Baldwin. Era el primer encuentro de este trío que estaban a punto de convertirse en auténticas celebridades. James Badwin se convirtió en el primer amante masculino cobrado en Nueva York de un Adonis asilvestrado cuya polimorfa sexualidad nace en su adolescencia, cuando su madre, una actriz alcoholizada cuya mayor fortuna había sido ser amante de Henry Fonda, le toleró la rebeldía mayúscula del incesto como culminación de una historia edípica. 
  
La novedad que aportaba Baldwin a su palmarés no era que fuera hombre, sino que fuera negro; porque Marlon ya se había hecho notar en la academia militar de Shattuck por sus amores con un adolescente de belleza femenina y luminosa llamado Steve Gilmore, que acabó derramando lágrimas amargas cuando supo que en sólo un año, mientras se acostaba con él, Brando había seducido a 28 mujeres. Cuando Duke, su novia de entonces, sorprendió a Marlon sodomizando a Steve sufrió una crisis de histeria. Era el primer corazón roto de una larga lista. 
 
Baldwin & Brando (1963) 
 
El Group Theatre era el precedente del célebre Actor´s Studio y el semillero del star system. Con el famoso Método del ruso Constantin Stanislawsky, formó a dos hornadas de estrellas. Allí conoció Brando a la profesora Stella Adler, quien inmediatamente supo que su alumno era "un genio en estado bruto, un vagabundo de Nebraska cuyo magnetismo era tan poderoso que era imposible no excitarse en su presencia". Marlon había encontrado a su mamá y pudo hacer con ella todo lo que no se atrevió a hacer con su madre. Su primera mujer, Anna Kashfi, afirmaría que la sexualidad de Marlon consistía en "dejar libre todos los deseos reprimidos hacia su madre". Stella quiso seducirlo para su hija Ellen, pero Brando se abandonaba alternativamente en los brazos de madre e hija. 
 
Lusha Nelson
Retrato de Clifford Odets, 1935 
 
Según su biógrafo Darwin Porter, como era adepto a las fugaces ceremonias con desconocidas y malvivía de algunas chapuzas, "se veía obligado a robar las bragas de sus amantes eventuales para vestirlas él mismo, porque era más asequible que lavar su propia ropa interior. Así se extendió el rumor que de que era un travestí". Nada de eso, sólo un pobre muerto de hambre. Su patrimonio se reducía a algunas camisetas y jeans, un traje oscuro, un magnetófono, un pequeño piano transportable y un tam-tam. Su suerte empezó a cambiar en 1943, cuando debutó en la escena neo-yorquina en un pequeño papel del Saint Joan de Bernard Shaw. Era brillante en escena y de una presencia fascinante que no pudo resistir el dramaturgo Clifford Odets, amigo de Chaplin y de Einstein y amante de Cary Grant; pero también de Fay Wray, a quien había logrado arrancar de los brazos de Howard Hughes y de King Kong. Odets fue uno de los hombres de su vida. 
 
Wally Cox
 
Eileen Barton, Wally Cox & Marlon Brando (1953) 
 
Otro sería el actor Wally Cox, a cuya cama recurría siempre que no tuviera otra a la que acudir. Murió en 1973 dejando a Marlon en una profunda soledad: "No tengo palabras", confesó a un periodista, "para decir hasta qué punto me falta ese hombre y hasta qué punto lo amaba". "Marlon Brando cena en soledad, a la luz de las velas. Frente a él está la urna con las cenizas del hombre al que más amó. Marlon Brando habla solo, haciéndose preguntas y respondiéndose a sí mismo con la voz del compañero muerto". El amor con ambos duró lo que les duró la vida y en la convulsa vida sentimental de Brando, sólo ellos y Marilyn fueron suelo firme. 
 
Milton Greene 
Marilyn & Marlon Brando (1955) 
 
A Marilyn la había conocido en un bar de la Octava Avenida, cuando ambos se buscaban la vida en las calles de la Nueva York. Marlon le ofreció 15 dólares por una noche de amor. De ser cierto, este dato apuntado por Porter, revelaría una ocupación de Marilyn que no recoge en ninguna de sus biografías. ¿Vendió Norma Jean sus encantos por las calles de Nueva York?. La respuesta de Porter es que "parece completamente posible". 
 
Marlene Dietrich 
 
Cuando a los 20 años el joven Marlon estaba lo bastante maduro para representar un papel en "I Remember Mama", una producción de Rodgers y Hammerstein, sopló el viento de popa. Tras la representación, alguien llamó a su camerino y el actor se topó con el rostro familiar de una actriz cuya ambigüedad sexual sólo era comprable a la de Brando: Marlene Dietrich. Ante el pasmo del homenajeado, ella se arrodilló, metió la mano en su boxer y por un rato se convirtió en lo que él llamaría después "la más perfecta pipa del mundo". Después de su ofrenda, la actriz se presentó: "Perdóneme señor Brando, soy Marlene Dietrich y he admirado mucho su representación de esta noche". Desde ese acto inaugural ella, 23 años mayor que él, lo invitaba a cenar y le urgía a terminar pronto el postre "sin dejar ni una miga. Vas a necesitar mucha fuerza para las pequeñas distracciones que he previsto para nosotros esta noche". 
 
Marlon Brando, Fred Zinnemann & Montgomery Clift en el set de "De aquí a la eternidad" (1953)
 
Montgomery Clift 
 
Montgomery Clift & Marlon Brando en el set de "De aquí a la eternidad" (1953)
 
También Montgomery Clift lo admiró en "I Remember Mama" y comenzó una "amitié amoureuse" breve e intensa. Los críticos comparaban su manera de actuar y a ambos se les pedían papeles de tipos torturados; pero Monty siempre seguía un acercamiento intelectual al personaje; Brando era más instintivo, como quedaría demostrado en el papel de Stanley Kowalsky en "Un tranvía llamado deseo". Su relación amorosa fue más breve que su amistad, ya que Brando no soportaba las depresiones de su amigo. Monty se culpabilizaba de sus tendencias homosexuales, mientras para Brando cualquier tipo de sexo era un gozo. Antes incluso de enfriarse la pasión, Brando compatibilizaba a su amigo maniaco-depresivo con Doris Duke, la mujer más rica del mundo. 
 
Al Ravenna
Retrato de Leonard Bernstein, 1955 
 
Brando tuvo tiempo también para frecuentar las sábanas de seda de Leonard Bernstein, el compositor de West Side Story. A esa obra llegó tarde el joven Brando, pero no a Antígona, que le valió el aplauso de uno de los grandes actores ingleses shakesperianos, Sir Lawrence Olivier. Se presentó en su camerino diciendo: "Qué maravilla de representación. Soy el que se ha casado con Scarlett O’Hara". 
 
Athol Shmith
Retrato de Sir Laurence Olivier, 1948 
 
Vivien Leigh, Marlon Brando, Kim Hunter, Karl Malden, en el set de "Un tranvía llamado deseo" (1951) 
 
El refinado inglés estaba tan fascinado por el joven americano, que pronto expulsó a Vivien Leigh de su lecho para dejar sitio a Brando. Cuando Vivien supo de la relación existente entre su esposo y Brando, no hubo reproches, con flema británica se limitó a decir: "¿Marlon Brando?, yo debería probarlo también". Ignoraba que un año después tendría al actor a su lado cuando coincidieron en "Un tranvía llamado deseo". Durante meses Marlon estuvo saltando de la cama del uno a la de la otra. Muchos años después, Brando le quitaría a Olivier el papel de Don Corleone en El Padrino. Aquel 1973 le quitó también el Óscar para el que estaba nominado Olivier por su papel en "La huella". Brando, como Moby Dick, era un depredador inocente. A Burt Lancaster, que tenía una historia con Shelley Winters, le birló tanto el papel de Kowalsky en Un tranvía... como la amante. 
 
Robert Wheeler
Fotografía de Burt Lancaster (1947) 
 
Lancaster no maldijo su suerte, ya que disfrutó durante varios meses del cuerpo de su irresistible burlador. Al conocer la relación, una amiga común dijo: "No hay sobre la tierra dos hombres tan bellos, se merecen el uno al otro". Marlon, como había hecho con Monty Clift, Olivier o Cary Grant, en lugar de mostrarse agresivo con los actores con los que tenía que competir, intentaba seducirlos. Shelley Winters era, desde luego, una seductora de primera, en su curriculum figuraron, además de Lancaster, Sean Connery, Robert de Niro, Howard Hughes, Dylan Thomas, Clark Gable o Errol Flynn, sin agotar ni de lejos el inventario. Ella y Brando eran tal para cual y, fueron amigos vitalicios.
 
Shelley Winters y Marlon Brando en el set de "Un tranvía llamado deseo", 1951
 
"Un tranvía llamado deseo" marca un antes y un después en su carrera. Antes era un pobre diablo; después, el actor más halagado del mundo. No necesitó su fama para consumar un sueño adolescente. Se había enamorado de Verónica Lake cuando vio caer, en "Vuelo de águilas", la maravillosa catarata de sus cabellos sobre su cara perfecta. Cuando se topó con ella la aguantó 10 días: casi un récord porque la mayor parte de sus amantes le duraban apenas una noche. Brando valoró en ella su afición excesiva al sexo con alcohol. Las orgías de Greenwich Village no tenían para ella nada de original porque se había acostumbrado en los primeros 40 a las de Hollywood, en donde sedujo a Gary Cooper, Howard Hughes o el play boy Porfirio Rubirosa. Confesó a Brando que Onassis era el hombre que más orgasmos le había arrancado en una noche. Años después diría que el más tierno de sus amantes había sido Brando. 
 
Verónica Lake 
 
Años después cuando el actor supo que, para vivir, ella servía copas en un bar de Manhattan, le hizo llegar un cheque de 1.000 dólares que Verónica enmarcó en su salón en recuerdo de los buenos tiempos. Por entonces, Brando andaba enredado con Hedy Lamarr en la relación más tórrida de su vida. Era la primera actriz que se había desnudado en pantalla en Hollywood y cultivaba la leyenda de haberse acostado con Hitler y con Mussolini. A Brando, un progresista enfeudado a la izquierda radical americana, le resultó excitante ocupar los lugares que habían ocupado aquellos dictadores.
 

 
 

Margaret Bourke-White
Marlon Brando, 1952 
 
Después de incorporar a su lista interminable de amantes los nombres de Ingrid Bergman y Bette Davis, con Joan Crawford sufrió el primer gatillazo de su vida. Debió de asustarse tanto que se fue a París. De la mano de Roger Vadim, el hombre que se casó con Brigitte Bardot, Catherine Deneuve y Jane Fonda, frecuentó los bistrots del Barrio Latino, en donde conoció a Camus, de Beauvoir y Sartre. Junto a Boris Vian, los vieron quemar París en noches largas de alcohol, cocaína y mujeres bonitas como Juliette Greco. 
 
Christian Marquand 
 
Su mejor conquista en París fueron los actores Christian Marquand y Daniel Gélin, que habían sido introducidos en el sexo de los filósofos antiguos por Jean Cocteau. Marlon hacía el amor con Christian a la hora de la siesta y con Daniel por la noche. Truman Capote más de una vez vio al trío y le dijo a Tennessee Williams: "Eran tan jóvenes, tan bellos y tan incapaces de disimular su amor, que me conmovían". Cuando, en 2002, supo de la muerte de Daniel, Brando dijo: "Sólo he amado a tres hombres en mi vida: Wally Cox, Christian y Daniel. Todos los demás fueron barcos que pasaron en la noche". Por una ironía del azar, fue la hija ilegítima de Daniel, Maria Schneider, quien le dio la réplica en "El último tango en París". 
 
Daniel Gélin 
 
Acaso uno de sus más tristes episodios amorosos fue el que protagonizó con la delicada y romántica virgen italiana Pier Angeli. Paseando de noche por los foros romanos, tomó su cuerpo al asalto. Tras la violación, ella le escribió: "Después de lo de esta noche, sólo te pertenezco a ti. Vamos a casarnos". Marlon salió huyendo de Roma. Otras vírgenes y otros problemas le esperaban. Pier conquistaría la fama en Hollywood, rompería el corazón de James Dean y sería amada por otros antes de suicidarse en su casa californiana. Pero esa es otra historia.
 
Pier Angeli 
 
La de Brando terminó en un hospital a los ochenta años. Terriblemente obeso y deprimido, tras el suicidio de su hija Cheyenne y la muerte de sus amigos íntimos, en su última década fue un símbolo de una época que iba llegando a su fin. Casado tres veces, tuvo cinco hijos; adoptó cuatro y de su ama de llaves tuvo tres más. Ganó dos Óscars, creó en más 40 películas una fauna inolvidable en la mitología del cine e hizo de su vida un desafío a todos los tabúes. "Soy yo mismo", dijo en cierta ocasión, "y si tengo que darme cabezazos contra una pared para seguir siendo yo mismo, lo haré".
 
Murray Garrett
Marlon y su gato (1954) 
 
 
+ La biografía 'Brando Unzipped' (Blood Moon Productions) de Darwin Porter, no está todavía publicada en España.

sábado, marzo 24, 2012

Xavier Montsalvatge (1912 - 2002)



"Mi musa no es proclive al género heroico"

"No tardé en darme cuenta de que, por ser muy nervioso, no podía ser concertista. Y entonces empecé a interesarme por la composición".

Xavier Montsalvatge



"Tres divertimentos" (1943), estrenados por la pianista Rosa Sabater, están inspirados, según palabras de Monsalvatge, en las danzas que interpretaban los músicos por los pueblos: la primera "un arcaico chotis", la segunda "una habanera", y la tercera un "vals-jota"





"Canción de cuna para dormir a un negrito" y "Canto negro" pertenecientes a las "Cinco canciones negras" (1945), interpretadas por primera vez por Mercè Plantada y posteriormente interpretadas y popularizadas en todo el mundo por sopranos de la talla de Victoria de los Ángeles, Teresa Berganza y Montserrat Caballé. Las "Canciones Negras" son un ejemplo representativo de la característica fundamental de la obra de Montsalvatge, el eclecticismo, así como de su antillanismo al fundir bases rítmicas caribeñas con ritmos provenientes del nacionalismo musical de Albéniz, Falla y Granados y bases originarias del folklore catalán.



"Concierto Breve" compuesto en honor a Alicia de Larrocha, es una de las obras fundamentales de Xavier Montsalvatge, estrenada en diciembre de 1953 por la propia Alicia de Larrocha acompañada de la Orquesta Ciudad de Barcelona dirigida por Louis de Froment.



Para cerrar este pequeño homenaje nada mejor que las "Tres Policromías, para violín y piano"(1994), en las que el compositor explora formas del más puro virtuosismo.

+ Información:

http://www.montsalvatge.com/

jueves, marzo 22, 2012

La Mirada de Carl van Vechten

 
Carl van Vechten
1934, Autorretrato

Carl van Vechten, nacido en 1880 en Cedar Rapids, Iowa, tras una breve temporada en Chicago donde se había enamorado de la cultura afroamericana, especialmente del ragtimese, se trasladó en 1906 a Nueva York. En 1909 se convirtió en el primer crítico de danza moderna estadounidense para el New York Times. Durante la década de 1920 pasará a ser uno de los principales impulsores de raza blanca del denominado "Renacimiento de Harlem". Cultivaría la amistad de muchos de los artistas de más talento de la época, como Langston Hughes y Cullen Countee, así como también mantendrá una larga amistad con Gertrude Stein, quien lo nombró albacea de su herencia literaria. Mientras tanto, Van Vechten, se convirtió en la estrella gay de la ciudad de Nueva York, ya que aún estando casado con la actriz rusa Fania Marinoff, nunca ocultó sus auténticas inclinaciones sexuales. Su casa en el 150 West 55th Street fue el escenario de importantes veladas a lo largo de los años 20 y 30, a las que asistieron personajes de la talla de George Gershwin, Bessie Smith, y Paul Robeson.

Carl van Vechten
1932, Diego Rivera y Frida Khalo

Carl van Vechten
1933, Henri Matisse

Carl van Vechten
París, 1934, Man Ray y Salvador Dalí,

Carl van Vechten
1934, Max Jacob

Carl van Vechten
1935, Gertrude Stein

Carl van Vechten
1935, Joan Miró

Sus retratos son un quién es quién de aquellos años, ya que se dedicó a retratar a bailarines, actores, escritores, artistas, activistas, cantantes, modistos, fotógrafos, críticos sociales, educadores, periodistas, y estetas, muchos de los cuales eran amigos suyos, creando una auténtica galería de personajes claves de la cultura del s. XX. Van Vechten murió en Nueva York el 21 de diciembre de 1964.

Carl van Vechten
1936, John Gielgud

Carl van Vechten
1936, Langston Hughes

El negro habla de ríos

He conocido ríos...
He conocido ríos antiguos como el mundo y más antiguos que la
fluencia de sangre humana por las venas humanas.
Mi espíritu se ha ahondado como los ríos.

Me he bañado en el Eufrates cuando las albas eran jóvenes,
He armado mi cabaña cerca del Congo y me ha arrullado el sueño,
He tendido la vista sobre el Nilo y he levantado pirámides en lo alto.

He escuchado el cantar del Mississippi cuando Lincoln bajó a New Orleans,
Y he visto su barroso pecho dorarse todo con la puesta del sol.

He conocido ríos:
Ríos envejecidos, morenos.
Mi espíritu se ha ahondado como los ríos.

Langston Hughes (Joplin, 1902-Nueva York, 1967)

Carl van Vechten
1937, Thomas Mann

Carl van Vechten
1939, Salvador Dalí

Carl van Vechten
1940, Retrato del coreógrafo Anthony Tudor (izquierda) y su amante el bailarín Hugh Laing.

Carl van Vechten
1940, Charles Laughton

Carl van Vechten
1948, Gore Vidal

Carl van Vechten
1948, Marlon Brando

Carl van Vechten
1948, Truman Capote

Carl van Vechten
1949, Anaïs Nin

Carl van Vechten
1949, Billie Holiday

Carl van Vechten
París, 1949, Jean Cocteau

Carl van Vechten
1949, Josephine Baker

Carl van Vechten
1950, Christopher Isherwood

Carl van Vechten
1955, James Baldwin