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jueves, mayo 18, 2023

Juan de Pareja (1610 - 1670) en Retrospectiva

 
Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
Retrato de Juan de Pareja (1650)
The Metropolitan Museum, Nueva York
 
A veces son los foráneos los que nos han de recordar las joyas pertecientes a nuestra historia y cultura, siendo este uno de esos casos. La figura de Juan de Pareja emerge gracias a la primera exposición monográfica que le dedica el Metropolitan Museum de Nueva York.
 
A parte del famoso retrato que de él realizó Velázquez, la cuestión es quién fue Juan de Pareja. Realmente no hay demasiados datos, pero lo que tenemos seguro es que era hijo de una esclava de ascendencia africana, así como que Juan de Pareja pasaría a ser posesión legal de Velázquez por compra, herencia o donación.Durante los años que pasó al servicio de Velázquez, antes de ser manumitido, se dedicó a moler pigmentos, estirar e imprimar lienzos, preparar barnices y limpiar pinceles. 
 
"Donatio Libertatis 
Illm.us D. Didacus Silva Velasco Hispaliensis Filius quondam Joi Rodiches in Alma Urbe ad presentam rediens… asserens à multis anni retimisse penes se uti captivum vulgo dicto per schiavo Joannes de Parecha filium quondam altris Joannis de Parecha de Antechera Malagnes diocesis.."
 
En el documento de manumisión se estipulaban cuatro años más al servicio de Velázquez, años en los que se supone que Juan de Pareja pasaría a convertirse en aprendiz. Tras obtener la plena libertad en 1654, Pareja creó un estilo distinto a Velázquez y más cercano a los pintores de la Escuela Madrileña, que utilizaban composiciones densas y paletas cromáticas de inspiración veneciana. Luego trabajó como pintor hasta su muerte en Madrid en 1670.

Atribuido a Juan de Pareja
Retrato de un Caballero de la Orden de Santiago (c. 1630)
Museo del Hermitage, San Petersburgo
 
La documentación que tradicionalmente se ha utilizado para acercarnos a la vida de Juan de Pareja ha sido "El Parnaso Español Pintoresco Laureado" (1715-24) de Antonio Ascisclo Palomino

"Juan de Pareja, natural de Sevilla, de generación mestizo, y de color extraño fue esclavo de don Diego Velázquez y aunque el amor (por el honor del arte) nunca le permitió, que se ocupase en cosa que fuese pintar, ni dibujar; sino sólo moler colores, y aparejar algún lienzo y otras cosas ministeriales del arte, y de la casa: él se dio tan buena maña, que a vueltas de su amo, y quitándoselo del sueño, llegó a hacer de la pintura cosas muy dignas de estimación. Y previniendo en esto el disgusto forzoso de su amo, se valió de una industria peregrina; había, pues, observado Pareja, que siempre, que el señor Felipe Cuarto bajaba a las bóvedas, a ver pintar a Velázquez, en viendo un cuadro arrimado y vuelto a la pared, llegaba Su Majestad a volverlo, o lo mandaba volver, para ver, qué cosa era. Con este motivo, puso Pareja un cuadrito de su mano, como al descuido vuelto a la pared: apenas vio el rey, cuando llegó a volverlo; y al mismo tiempo Pareja, que estaba esperando la ocasión, se puso a sus pies, y le suplicó rendidamente le amparase para con su amo, sin cuyo consentimiento había aprendido el arte, y hecho de su mano aquella pintura. No se contentó a que el magnánimo espíritu real con hacer lo que Pareja le suplicaba, sino que volviendo a Velázquez, le dijo: no solo no tenéis, que hablar más en esto; pero advertid, que quien tiene esta habilidad, no puede ser esclavo. Aludiendo a lo que dijimos en el Tomo 1, que esta arte fue prohibida a los esclavos en el griego, y romano imperio; y no en el sentido que en España entendemos la palabra esclavo: sino en el que aquellas repúblicas lo entendían, que eran los pecheros, los que llamaban siervos, a quienes sólo se concedían las artes mecánicas, llamadas por estos serviles, por ser dedicadas a los siervos o esclavos; a distinción de las liberales, quedan reservadas para los libres, ingenuos, o nobles (que todo era uno).

Velázquez, hallándose preocupada la libertad con precepto tan soberano, obedeció ciegamente a su majestad en todo; Dándole desde luego carta de libertad absoluta a Juan de Pareja, el cual procedió tan honradamente, que todo lo restante de su vida sirvió, y no solo a Velázquez lo que sobrevivió a este caso y, sino después a su hija que casó con don Juan Bautista del mazo.

Y así por esta noble acción, como por haber tenido tan honrados pensamientos, y llegado a ser eminente en la pintura (no obstante la desgracia de su naturaleza) ha parecido digno de este lugar; Pues el ingenio habilidad, y honrados pensamientos, son patrimonio del alma; Y las almas todas son de un color, y labradas en una misma oficina; Y más cuando le debemos considerar artífice de su fortuna; Y que él por sus honrados procederes y aplicación cómo se labró un nuevo ser, y otra segunda naturaleza.

Tuvo especialmente nuestro Pareja singularísima habilidad para retratos, de los cuales yo he visto algunos muy excelentes como el de José Ratés (arquitecto de esta corte) en que se conoce totalmente la manera de Velázquez, de suerte, que muchos lo juzgan suyo. Murió el dicho Pareja en esta Villa por el año de 1670, y a poco más de los 60 de su edad."
 
Antonio Ascisclo Palomino, 
"El Parnaso Español Pintoresco Laureado" 
Ed. Aguilar, 1947, pp. 960-1
 
Juan de Pareja
Retrato de Agustín de Moreto (1648-53)
Museo Lázaro Galdeano, Madrid
 
Atribuido a Juan de Pareja
Retrato de Felipe IV (1650)
Santa Maria Maggiore, Roma

Atribuido a Velázquez / Juan de Pareja
La Gallega (1650)
Col Privada
 
Atribuido a Velázquez / Juan de Pareja
Retrato de un hombre (c. 1650)
The Metropolitan, Nueva York

Juan de Pareja
Retrato de un moje (1651)
Museo del Hermitage, San Petersburgo

Juan de Pareja
La Huida a Egipto (1658)
The John and Mable Ringling Museum of Art, Sarasota, Florida
 
Juan de Pareja
Judith ( )
Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba
 
Juan de Pareja
Perro con candela y lirios (c.1660)
Indianapolis Museum of Arts
 
Juan de Pareja
Cristo atendido por los ángeles (c. 1660)
San Diego Museum of Arts

Juan de Pareja
José Ratés Dalmau (1660-70)
Museo de Bellas Artes de Valencia
 
Juan de Pareja
La vocación de San Mateo (1661)
Museo Nacional del Prado, Madrid
 
Juan de Pareja
El Bautismo de Cristo (1667)
Museo Nacional del Prado, Madrid
 
 
+ Información:

domingo, diciembre 20, 2020

Diego Velázquez: Bufones y Enanos

 

Diego Velázquez. Bufón llamado Don Juan de Austria. Hacia 1632
Museo del Prado
 
Felipe IV no fue un monarca demasiado espabilado, pero sí que hemos de agradecerle el hecho de haber convertido a Velázquez en pintor del rey y posteriormente en pintor de cámara. A la mano del genial sevillano debemos estos retratos de bufones y enanos que pululaban por la Corte para distracción, con sus chanzas, bromas y tonterías varias, tanto del monarca como de los nobles del tedio de gobernar. Personajes que eran considerados funcionarios, por lo tanto bien remunerados. Siempre los hemos visto por separado, así que es interesante verlos juntos y darnos cuenta de la enorme dignidad con la que Velázquez los representa.
 
Copia de Diego Velázquez. Francisco de Ocáriz y Ochoa
Museo del Prado
Original del 1632-36

Diego Velázquez, El Bufón Calabacillas 1636-39
Museo del Prado, Madrid

Diego Velázquez. Bufón Calabacillas. Hacia 1632-1633. 
The Cleveland Museum of Fine Arts

Diego Velázquez. El bufón Barbarroja, don Cristóbal de Castañeda y Pernia. Hacia 1633
Museo del Prado, Madrid

Diego Velázquez. Pablo de Valladolid. Hacia 1634
Museo del Prado, Madrid
 
Diego Velázquez, Bufón con Libros. Hacia 1640
Museo del Prado, Madrid

Diego Velázquez, Bufón el Primo. Hacia 1645 
Museo del Prado,Madrid

Diego Velázquez, El Niño de Vallecas, 1643-45 
Museo del Prado, Madrid

Diego Velázquez, Enano con perro. Hacia 1645
Museo del Prado, Madrid
 

 

miércoles, junio 24, 2020

Velázquez: Un Olimpo Terrenal


Diego Velázquez 
El Triunfo de Baco o Los borrachos, 1628 - 1629
Museo Nacional del Prado, Madrid

El genial Velázquez tocó todos los temas dentro del mundo del arte, bodegones, retratos, pintura religiosa, temas históricos, escenas costumbristas, trabajó con total libertad, lo cual incluye la realización de lienzos con temática mitológica, algo no demasiado extendido en la pintura española debido a las connotaciones morales y religiosas. No son demasiados los lienzos que nos han llegado, ocho obras en total.

Diego Velázquez
Sibila, Retrato de Juana Pacheco, 1630
Museo Nacional del Prado, Madrid

En la obra mitológica de Velázquez, el Olimpo se convierte en algo terrenal, ausencia de idealización, representación de tipos populares, gentes que fácilmente podían ser encontradas en cualquier calle española de la época. Todo ello acompañado por la meticulosidad de Velázquez a la hora captar el aspecto psicológico de la escena en las diferentes expresiones de los personajes.

Diego Velázquez
La Fragua de Vulcano, 1630 
Museo Nacional del Prado, Madrid

Diego Velázquez, 
La Venus del Espejo, 1647 - 1651
The National Gallery, Londres

Diego Velázquez
Sibila, 1648
Meadows Museum, Dallas

Diego Velázquez
Las hilanderas o la fábula de Aracne, 1655 - 1660
Museo Nacional del Prado, Madrid

Diego Velázquez
Fábula de Mercurio y Argos, 1659
Museo Nacional del Prado, Madrid

Diego Velázquez
Marte, 1638
Museo Nacional del Prado, Madrid


martes, marzo 31, 2020

La Infanta Margarita Teresa de Austria por Velázquez


Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
Infanta Margarita Teresa con vestido rosa (1654)
Kunsthistorisches Museum, Viena

La infanta Margarita Teresa de Austria, a quien el genial pintor español Diego Velázquez (1599-1660) inmortalizó como una de las protagonistas de su cuadro "Las meninas", una de las pinturas más importantes de la historia del arte universal. Tuvo lo que podemos decir un triste destino de mujer, algo bastante normal en su época, un mundo en el que las mujeres de la nobleza servían para tener hijos y ligar alianzas, que acababan decidiendo el destino de muchas personas.

Margarita María Teresa de Austria (1651-1673) nació en Madrid fruto del matrimonio del rey Felipe IV de España con su segunda esposa y sobrina, Mariana de Austria (hija de Ferdinand III de Habsburgo y Maria Ana de Austria, hermana de Felipe IV)

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
Infanta Margarita Teresa con vestido blanco (1656)
Kunsthistorisches Museum, Viena

Como muchas otras jóvenes de la realeza de aquella época, su matrimonio era un asunto de estado. Prometida, desde pequeña, a su tío el emperador Leopold I de Austria, No olvidemos que su hermanastro Maria Teresa de Austria y de Borbón (1638-1683) se casaría con su primo hermano Luis XIV de Francia, hijo de Ana de Austria, hermana de Felipe IV, y Louis XIII de Francia, hermano de Isabel de Borbón y de Medici madre de María Teresa de Austria.

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
Las meninas (1656)
Museo Nacional del Prado, Madrid

El compromiso de la pequeña Margarita con el hermano de su madre pretendía un acercamiento entre las dos ramas de la dinastía Habsburgo, la austríaca de Leopold I y la española de Felipe IV.

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
Infanta Margarita Teresa con vestido azul (1659)
Kunsthistorisches Museum, Viena

Ambas casas, la austriaca y la española, se habían distanciado tras la firma de la paz de Westfalia, que puso fin a la conocida como Guerra de los Treinta Años en Europa. La pequeña niña de pelo rubio, convertida en emperatriz de Europa, moriría con tan solo 21 años debido a las secuelas que le dejó su cuarto parto.

miércoles, diciembre 07, 2011

El Arte como Instrumento: Tres obras emblemáticas

 
"La Rendición de Breda" (1634-35) 
Diego Velázquez, 
Museo Nacional del Prado, Madrid

El día 5 de junio de 1625 Justino de Nassau rinde la ciudad de Breda a las tropas españolas capitaneadas por Ambrosio de Spínola. El ejército español reconoció la valentía de los asediados. Por estas razones permitió que la guarnición saliera formada en orden militar, con sus banderas al frente. Los generales españoles dieron la orden de que los vencidos fueran rigurosamente respetados y tratados con dignidad. Las crónicas cuentan también el momento en que el general español Spinola esperaba fuera de las fortificaciones al general holandés Nassau. La entrevista fue un acto de cortesía, el enemigo fue tratado con caballerosidad, sin humillación. Este es el momento histórico que eligió Velázquez para pintar su cuadro.

"Fusilamientos del 3 de Mayo" 
Francisco de Goya, 
Museo Nacional del Prado

La noche del 3 de mayo de 1808 el mariscal Joachim Murat ordena fusilar, sin juicio previo, en varios puntos de Madrid, a los patriotas detenidos tras su alzamiento del día anterior contra las tropas de ocupación francesas.

"Guernica" (1937)
Pablo Ruiz Picasso
Museo Reina Sofía (MNCARS)

El 26 de abril se produjo el bombardeo de la histórica villa vasca de Guernica por parte de las aviaciones alemana e italiana, lo que suponía el primer bombardeo indiscriminado de civiles en suelo europeo.

"No, la pintura no está hecha para decorar las habitaciones. Es un instrumento de guerra ofensivo y defensivo contra el enemigo"

Pablo Picasso

Tres obras emblemáticas, salidas de los pinceles de tres de nuestros más grandes pintores y a la vez tres obras que resumen nuestra historia.

viernes, enero 15, 2010

Velázquez

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
Autorretrato, 1643. 
Galería de los Uffizi. Florencia.

El momento culminante de la pintura española del siglo XVII, y uno de los momentos culminantes del arte mundial en general, se alcanzará con la obra de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez (1599-1660), artista cuyo dominio del espacio y la luz fue admirablemente acompañada de una técnica impecable. Nacido en Sevilla, recibió sus primeras lecciones de la mano de Francisco de Herrera el Viejo, pero pronto pasaría a convertirse en aprendiz de Pacheco, con quien trabajó durante cinco años, finalmente acabaría casándose con su hija. En sus escritos Pacheco recuerda cómo Velázquez fue siempre muy exigente en su técnica y sus ganas de trabajar directamente del natural, prefiriendo los estudios de la figura y escenas de género. Incluso las primeras obras del maestro se caracterizan por un empaste relativamente denso, la objetividad en la visión de los objetos, la moderación en el uso del color, principalmente ocres y marrones, y la sencillez y naturalidad del concepto. Vieja friendo huevos (Edimburgo) y Cristo en casa de Marta y María, en la National Gallery de Londres, y Cristo en Emaús, en el Metropolitan Museum of Art, Nueva York, todos pertenecen a este período inicial. Entre los retratos que Velázquez pintó en esta época es remarcable por su gran vigor el retrato de Sor Francisca Jerónima de la Fuente.
 
Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
Vieja friendo huevos, 1618.
The National Gallery of Scotland. Edimburgo
 
Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
Cristo en casa de Marta y María, 1618-1620. 
The National Gallery. Londres.
 
Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
Cena en Emaús, 1622-23.
The Metropolitan Museum of Art. Nueva York.
 
Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
La venerable madre Jerónima de la Fuente, 1620. 
Museo Nacional del Prado. Madrid

En 1623, a instancias de su suegro Francisco Pacheco y aprovechando el hecho de que el Valido del rey Felipe IV es Gaspar de Guzmán, Conde-Duque de Olivares, era natural de Sevilla, Velázquez fue a Madrid por segunda vez y fue presentado en la corte. Allí pintó un retrato de Felipe IV, a resultas del cual Velázquez entra al servicio del monarca y en 1628 es nombrado pintor de cámara. De esta manera el artista pudo familiarizarse con la magnífica colección real.
 
Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
Gaspar de Guzmán, Conde-Duque de Olivares, c. 1636. 
Museo Nacional del Prado. Madrid

Llamado a Madrid se hospedó en casa de don Juan e hizo su retrato. Llevaronlo a palacio aquella noche y en una hora lo vieron todos los de palacio, los infantes y el rey. Ordenose que retratase al infante, pero pareció más conveniente hacer primero el de su Majestad, aunque no pudo ser tan presto por grandes ocupaciones; se hizo el 30 de agosto a gusto de su Majestad y de los infantes y del conde duque, que afirmó no haber retratado al rey hasta entonces... Realizó también un boceto del Principe de Gales, que se encontraba en aquellos días en Madrid, que le dio cien escudos

Francisco Pacheco

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
Felipe IV, 1623
Museo Nacional del Prado. Madrid

Entre 1623 y 1629 pintó una serie de retratos en la que los fondos grises denotan su extrema sensibilidad así como algo más importante, su liberación de la fórmula tenebrista. "Los borrachos" (Prado), en la que el artista parodias el tema clásico del triunfo de Baco, data de esta época. En 1629 viajó a Italia, donde permaneció un año y medio, periodo al cual pertenece "La fragua de Vulcano", en el Prado. También pintó "Los jardines de Villa Médicis" cuadro que algunas opiniones han descrito como un esbozo de lo que será el impresionismo, aunque su espléndida luminosidad, la libertad de ejecución, y la inquebrantable fortaleza técnica, debió indudablemente de haber despertado el entusiasmo de los maestros de la segunda mitad del del siglo XIX, sin duda, apuntan en la dirección general del estilo impresionista. A su regreso a la corte Madrileña, completó una Crucifixión de una serenidad y sencillez sin parangón.

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
El Triunfo de Baco, 1628-29
Museo Nacional del Prado, Madrid

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
Vista del jardín de la Villa Médicis en Roma "El Mediodía".1649-1650. 
Museo Nacional del Prado. Madrid

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
Vista del jardín de la Villa Médicis en Roma "La Tarde".1649-1650. 
Museo Nacional del Prado. Madrid

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
La Fragua de Vulcano, 1630. 
Museo Nacional del Prado. Madrid

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
Cristo crucificado, 1631-1632. 
Museo Nacional del Prado. Madrid

La obra de Velázquez se desarrolla hacia la búsqueda de una síntesis cada vez mayor. Mediante el reflejo de la luz dibuja formas y colores con una exquisita perfección. Esta precisión del contorno, esta mezcla sutil de tonos y colores, esta perfección de la atmósfera sirven para definir el estilo del artista, así como su profundo respeto por la naturaleza. Una visión completa de todos los elementos de la realidad, los hombres, las cosas, el paisaje y no menos importante el espíritu, resplandece en una de sus obras maestras del periodo intermedio, "La rendición de Breda", que pintó para adornar el Salón de de los Reinos en el palacio del Buen Retiro, Madrid. Sus retratos de de Felipe IV y del príncipe Baltasar Carlos, ahora en el Prado, fueron destinados al mismo fin.

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
La Rendición de Breda o "Las Lanzas", 1635
Museo Nacional del Prado. Madrid

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez 
Felipe IV a caballo, 1634-1635. 
Museo Nacional del Prado. Madrid

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
El príncipe Baltasar Carlos, a caballo, 1634-1635. 
Museo Nacional del Prado. Madrid

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
La Reina Doña Isabel de Borbón a caballo, 1634-1636. 
Museo Nacional del Prado. Madrid

Durante los años siguientes Velázquez se concentró en los retratos y las escenas de la caza; alrededor de 1645 ejecutaría la mayoría de sus famosos estudios de los locos y bufones uno de los más sorprendentes es el del Francisco Lezcano, "el niño de Vallecas" (Prado), con su maravilloso paisaje lejano. En el trabajo de este período los marrones y ocres los dorados y los negros, rosas y rojos de los trajes están en contraposición a los fondos en plata, plomo o azules. La magnífica coronación de la Virgen (Prado) es una de las pinturas religiosas que también produce en esta época.

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
El cardenal-infante Don Fernando de Austria. 1632-1636. 
Museo Nacional del Prado. Madrid

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
El niño de Vallecas Francisco Lezcano, 1642. 
Museo Nacional del Prado. Madrid.

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
Marte, 1640. 
Museo Nacional del Prado. Madrid

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
El bufón Don Sebastián de Morra,1643-1644. 
Museo Nacional del Prado. Madrid

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
La coronación de la Virgen, 1641-1645. 
Museo Nacional del Prado. Madrid

En 1649 Velázquez regresó a Italia con instrucciones para comprar pinturas para la colección real. Si bien en este viaje ejecutará el retrato del Papa Inocencio X y el de su propio criado y discípulo, Juan de Pareja.

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
Juan de Pareja, 1649-1650. 
The Metropolitan Museum of Art. Nueva York.

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
Inocencio X, 1649-1650. 
Galería Doria-Pamphili. Roma.

Durante su último período, entre 1651, fecha de su regreso a Madrid, y 1660, el año de su muerte, Velázquez, con una vitalidad poco común, produjo trabajos que superan todo lo anterior. Una serie de retratos de príncipes e infantes, en su mayoría concebidos como armonías de color rosa, blanco, rojo y negro, le siguió (1656-1658) "La Venus del espejo", en la National Gallery de Londres. A estos mismos años, pertenecen dos de las mayores obras de la artista: "Las Meninas" y la fábula de Aracne, "Las hilanderas". Mientras que el primero se extiende hacia la metafísica, la transformación de los sujetos humanos en aspectos trascendentales de un momento eternizado por el arte, la última captura la esencia del movimiento por una vía revolucionaria, con la elaboración de croquis y formas borrosas. La fría luz que baña las hilanderas, contrasta con la atmósfera más caliente y más brillante de la tapicería, en la que se refleja su trabajo. Ambas pinturas, sin embargo, se caracterizan por el excelente equilibrio en la composición, por la gran belleza en la captación de unos instantes que fluyen, que se nos escapan. Por otro lado, el interés del pintor en retratar la luz no fue el resultado de una preocupación por la técnica, una actitud ajena a la estética e incluso de la óptica del siglo XVII, se desarrolló a partir de una profunda religiosidad interior, que siempre había sido parte de la tradición española y que ahora encontrará en Velázquez una expresión nueva y vigorosa.

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
Las Meninas, 1656. 
Museo Nacional del Prado. Madrid

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
La Venus del Espejo, 1648-1649. 
The National Gallery. Londres

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
La fábula de Aracne o "Las Hilanderas", 1657. 
Museo nacional del Prado. Madrid

Estos trabajos fueron seguidos de admirables nuevos retratos, como la del príncipe Felipe Próspero, el de la infanta Margarita, y varios del rey.

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
La Reina Doña Mariana de Austria, 1652. 
Museo Nacional del Prado. Madrid

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
El Infante Felipe Próspero, 1659. 
Kunsthistorisches Museum. Viena.

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
La Infanta Margarita, 1659. 
Kunsthistorisches Museum. Viena.

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
Felipe IV, 1653-1655. 
Museo Nacional del Prado. Madrid

Virtuosismo sobrehumano que por desgracia no contará con verdaderos seguidores salvo las excepciones de Pareja (muerto en 1670), Francisco de Palacios (fallecido en 1676), y, sobre todo, Juan Bautista Martínez del Mazo (muerto en 1667)