"Antinoo"
Fuiste frágil y hermoso como una cortesana,
compartiste tu lecho con un emperador,
florecieron tus labios una rosa liviana:
eras esclavo, y era tu esclavo tu señor.
El Nilo fue sepulcro de tu belleza humana
—¡crisantemo marchito del jardín del Amor!—;
pero de Roma el alma decadente y pagana
te alzó estatuas y templos con heroico impudor.
Muchos años Adriano te lloró inconsolable.
De la mente del viejo, tu recuerdo inefable
ya no pudo borrarlo ninguna esclava vil...
Y en las fiestas, el pueblo, consternado, veía,
cómo el César —¡sin pulsos!— hasta tu altar subía
y acercaba sus labios a tu emblema viril...
Pedro Luis de Gálvez