dimarts, de juny 26, 2012

"La casa de la ramera" Oscar Wilde

Oscar Wilde, 1892

"La casa de la ramera"

Seguimos los pasos de unos pies que danzaban;
vagábamos por las calles a la luz de la luna
y nos detuvimos ante la casa de la ramera.

Adentro, por encima de la tromba y la refriega,
los músicos tocaban con furia
el «Treues Liebes Herz» de Strauss.

Como extrañas maquinarias grotescas,
dibujando arabescos fantásticos,
las sombras corrían por la cortina.

Vimos girar a los bailarines espectrales
al son de la trompa y el violín,
como hojas negras agitándose al viento.

Igual que autómatas de alambre,
los esqueletos de silueta tenue
movíanse sigilosos mientras danzaban la lenta cuadrilla.

Se tomaron unos a otros de la mano,
y bailaron una zarabanda majestuosa.
Sus risas resonaban diáfanas y estridentes.

A veces una figurilla de reloj estrechaba
en sus brazos a un amante fantasma;
a veces parecía que intentaba cantar.

A veces una horrible marioneta
salia y fumaba un cigarrillo.
sobre los escalones, como si tuviera vida.

Entonces, volviéndome a mi amor dije,
«Los muertos bailan con los muertos,
el polvo gira con el polvo».

Pero ella... ella oyó el violín,
y dejó mi lado, y entró:
el amor pasó a la casa de la lujuria.

Luego, de pronto, la tonada se volvió falsa,
los que danzaban se cansaron del vals,
las sombras cesaron de girar y agitarse.

Y por la calle larga y silenciosa,
la aurora, ataviados los pies con sandalias de plata,
se deslizó como una muchacha asustada.

Oscar Wilde

3 comentaris:

tecla ha dit...

Yo vi esta mañana a la ramera. Sentada en una silla plegable en una esquina de la rotonda.
¿Por qué la llamarán ramera si no estaba bajo ninguna rama?
Estaba bajo un sol de justicia, tan seria ella y tan profesional.
Su juventud me duele cada vez que paso y la miro.
Y me queda un escozor pecho adentro que casi no lo puedo soportar.

Y en vez de sombras, los coches pasan indiferentes como si aquí no ocurriera nada.

senses and nonsenses ha dit...

tal cual es, con la primera copa, después de muchas copas, y al alba...
¡qué bien conocía Oscar Wilde la casa de la ramera!

Xavier ha dit...

Igual que autómatas de alambre, cony per que molts cops en sento com un ninot ?