dilluns, de gener 31, 2011

Las verdades universales de William Faulkner

William Faulkner (1947) por Henri Cartier-Bresson

"I decline to accept the end of man… I refuse to accept this. I believe that man will not merely endure: he will prevail. He is immortal, not because he alone among the creatures has an inexhaustible voice, but because he has a soul, a spirit capable of compassion and sacrifice and endurance. The poet’s, the writer’s, duty is to write about these things. It is his privilege to help man endure by lifting his heart, by reminding him of the courage and honor and hope and pride and compassion and pity and sacrifice which have been the glory of his past. The poet’s voice need not merely be the record of man, it can be one of the props, the pillars to help him endure and prevail."

William Faulkner: Nobel Prize Speech.
Stockholm, Sweden
December 10, 1950

Este estracto pertenece a uno de los mejores discursos de aceptación de un Premio Nobel que se han dado, el discurso pronunciado por William Faulkner al recibir en 1950 el Nobel de Literatura.



Considero que este premio, más que conferírseme a mí, como hombre, se otorga en honor a mi trabajo; a la obra de una vida transcurrida entre la zozobra y la extenuación del espíritu humano, sin aspiraciones de gloria y mucho menos pensando en el enriquecimiento económico, pero sí pugnando por crear, a partir de los materiales del espíritu humano, algo que antes no existía. De ahí que con relación a este premio no sea yo más que un mero depositario. Y en cuanto a su aspecto monetario, no será difícil dar con un destino equiparable con el propósito y la trascendencia de su origen. Sin embargo, me gustaría hacer lo mismo en relación con el presente homenaje, aprovechando la ocasión como pináculo desde el cual me podrían escuchar los jóvenes, tanto hombres como mujeres que en este momento se entregan a las mismas angustias y luchas, y entre quienes ya figura aquel que algún día habrá de ocupar el sitio en el que ahora me encuentro.

Actualmente nuestra tragedia es el haber experimentado por tanto tiempo un miedo físico, universal y generalizado que apenas nos es dable soportar. Ahora ya no existen problemas del espíritu y la única pregunta que se plantea es: ¿En qué momento voy a desaparecer? Es por esto que los jóvenes que ahora escriben se hayan olvidado de los problemas del alma humana en conflicto consigo misma, problemas que por sí solos pueden generar la buena literatura, pues sólo de esto es de lo que vale la pena escribir; lo que justifica la zozobra y la extenuación.

El escritor debe ponerse en contacto nuevamente con estos conflictos: darse cuenta por sí mismo de que lo esencial de todas las cosas es experimentar temor; y una vez que haya asimilado esto, borrarlo de su mente para siempre, sin dar cabida a nada en su taller, salvo a las antiguas verdades del corazón, las verdades universales de otros tiempos, cuya ausencia hace de cualquier historia algo efímero y vano: el amor y el honor; la piedad y el orgullo; la compasión y el sacrificio. Mientras no lo haga así continuará trabajando bajo una maldición. No escribirá de amor sino de sensualidad, de derrotas en que nadie pierde nada de valor, de victorias sin esperanzas y, lo peor de todo, sin piedad ni compasión. Sus penas no serán penas universales y no dejarán huella. No escribirá acerca del corazón sino de las glándulas.

En tanto no aprenda de nuevo esto, escribirá como si estuviese perdido entre la multitud, observando el fin del género humano. Y esto es algo que me niego a aceptar: que incluso en el último sangrante y moribundo de los atardeceres –tras resonar el postrero tañido del destino sobre la última y fatua roca, ahí posada y ya sin marea- prevalezca todavía un sonido más: el de su insignificante e infatigable voz, viva aún. Esto es algo que no puedo admitir. Considero que el hombre no sólo habrá de resistir, sino también de prevalecer. Y es inmortal no por ser el único entre los animales que está dotado de una voz inextinguible, sino por el hecho de poseer un alma, un espíritu capaz de compasión, sacrificio y resistencia. Escribir acerca de estas cosas es el deber del poeta, del escritor. Y es su privilegio ayudar al hombre a aguantar, inyectándole ánimos, haciéndole recordar el valor y el honor, la esperanza y el orgullo, la compasión, piedad y sacrificio, que han constituido la gloria de su pasado. La voz del poeta no necesita ser simplemente un testimonio del hombre, bien puede ser uno de sus puntales, de los pilares que le ayuden a subsistir y predominar.


+ Información:

http://www.mcsr.olemiss.edu/~egjbp/faulkner/faulkner.html

10 comentaris:

tecla ha dit...

Hermoso discurso que me anima a tirar para adelante y que me hace un poco más feliz, p-jota.
Justo cuando acabo de empezar a leer EL RUÍDO Y LA FURIA.
Parece que la cosa pinta bien en esta madrugada en la que mis ojos se desvelan.
Te tengo en alta estima.

Joaquinitopez ha dit...

TOda la vida luchando contra el miedo y....
Gracias de nuevo por la aportación.
Un abrazo.

senses and nonsenses ha dit...

un texto para degustar poco a poco, que con cada idea divago y divago.
la poesía y la creaACCIóN son armas cargadas de futuro.

un abrazo.

Uno ha dit...

Ser un escritor como el es sin duda un privilegio.
Desde luego tenía un gran concepto de su labor en este mundo.

Un abrazo

pon ha dit...

y qué más se puede decir después de Faulkner.......solo quedarse quieta y pensar.

Madame X ha dit...

A mí me ha parecido un discurso un poco moralista, pero sí que es verdad que uno se queda en silencio tras la lectura, reflexionando, porque te remueve por dentro.

Pilar ha dit...

Una reflexión profunda sobre el ser humano que resitúa. Hablar del dolor como inspiración y de la compasión es tocar muy hondo. Vuelvo a él en muchas ocasiones, un placer leerlo, y que lo recuerdes aquí. Un besazo, pjota

Mery ha dit...

Es curioso que utilice la palabra zozobra en mas de una ocasión.
Está bien que ahonde en el alma humana como debe hacer un escritor en mayúsculas.
(Luego vuelvo aver el vídeo).

Un abrazo

MM de planetamurciano ha dit...

Gran discurso...Pena ke yo haya sido incapaz de ir más allá de veinte páginas con alguno de sus libros...

Xavier ha dit...

Es clar que quan els homes ajunten les veus es quan es fan sentir i valdre’s. Mai es bo callar eternament i empassar-se “els sapos”. Las veus unides fan musiques bellíssimes, revoltes demolidores, fan caure tirans i dictadors i per sobre de tot tenen el do d’evitar mals que d’altre manera son de difícil solució. La paraula far que la humanitat avanci tot i els paranys que també es fan amb nom de “la paraula”
Quin plaer ha de ser saber escriure com Faulkner: