dilluns, d’octubre 04, 2010

La arquitectura de Cristóbal Balenciaga


"Él es el único de nosotros que es un verdadero couturier" (costurero)

Cocó Chanel

Balenciaga Eizaguirre (Guetaria, Guipúzcoa, 21 de enero de 1895 - Jávea, Alicante, 23 de marzo de 1972), fue sin lugar a dudas y tal vez lo siga siendo el más grande modisto de alta costura español. Un hombre de carácter reservado, jamás concedió una entrevista y lo poco que se sabe sobre él se lo debemos a sus amigos más cercanos Hubert de Givenchy y Emanuel Ungaro. Un hombre que ha dejado un legado impresionante dentro del mundo de la moda y en concreto dentro de la alta costura, poseedor de una impecable maestría la cual le permitía crear sin necesidad de abocetar sus obras, llegando a crear un modelo con una simple entretela y sus manos, sin apenas recurrir al corte y a las costuras.






En 1968 Balenciaga cerrará sus salones de París, San Sebastián, Madrid y Barcelona, cerrando una exitosa carrera que comenzó en 1913 con la apertura de su taller en San Sebastián gracias al apoyo de la Marquesa de Casa Torres, un mundo en el que la búsqueda de la elegancia, la perfección y la belleza fue su ideal, alejado de cualquier idea de publicidad y marketing, siendo un genio, este arquitecto de la moda, siempre hizo gala de una extraordinaria humildad la cual le llevaría a retirarse ante el advenimiento del prêt-à-porter, ya que consideró que era demasiado mayor para cambiar.




"Una mujer no necesita ser perfecta, inclusive no necesita ser bella para lucir mi ropa, el vestido lo hará por ella"

Cristóbal Balenciaga


+Información:

http://es.wikipedia.org/wiki/Cristóbal_Balenciaga
http://www.metmuseum.org/Cristóbal Balenciaga
http://www.glbtq.com/arts/balenciaga_c.html

14 comentaris:

erva_cidreira ha dit...

Mariano Camio (Vicepresidente de la Fundación Cristóbal Balenciaga):

A diferencia de los grandes diseñadores, Balenciaga aprendió a coser con su madre cuando todavía era un niño. Chanel, Dior y muchos otros han sido grandes diseñadores de moda, pero sólo se han dedicado al diseño de prendas, no a la confección. Además de diseñar, Balenciaga sabía cortar y coser, construir moda. Es uno de los grandes arquitectos del mundo de la moda y esto le ha hecho merecedor de la gran veneración que muchos diseñadores sienten hacia él. Sigue siendo referente de gran cantidad de jóvenes profesionales que ni siquiera le han conocido.
El padre de Cristóbal Balenciaga fue alcalde de Getaria y también patrón de barco. La mayoría de los hombres de la época tenían una relación muy estrecha con el mar pero su madre impartía clases de costura a jóvenes getariarras y a él enseguida se le descubrió la gran habilidad que tenía en este arte.
Fue un hombre muy vasco.

(euskonews.com, 2003)

erva_cidreira ha dit...

Balenciaga abrió su casa de modas en París en agosto de 1937, a los cuarenta y dos años, y la cerró en 1968, en medio de las revueltas de mayo. La caída de la monarquía española, en 1931, y la subsiguiente Guerra Civil no eran propicias para alguien que vendía sus creaciones a mujeres de clase alta, de manera que Balenciaga, cuya empresa en España había quebrado, siguió a sus clientes al extranjero.

Tras intentar sin éxito conseguir trabajo en Inglaterra (reverenciaba a los sastres ingleses), formó una sociedad con dos compañeros emigrados: un financiero vasco, Nicolás Bizcarrondo, y un gallardo francés de origen ruso, Vladzio Zawrorowski d'Attainville, que fue, según me confió Walker, «el gran amor de Cristóbal». Invirtieron cien mil francos, que financiaron -apenas- un debut que la prensa francesa acogió con gran entusiasmo. «Soñemos un poco -decía un periodista de la radio al año siguiente-, ante una encantadora colección tan embriagadora como un vino español [...] que es todo instinto y sensualidad».

Luego pasó a describir «una sucesión de deslumbrantes e inspirados» vestidos apropiados para una reina de las hadas, una infanta o una Pompadour, «con una gama que va desde colores violentos a delicadísimos tonos pastel», mientras que «se emplea con gran genio un ceremonial blanco y negro en trajes de noche apropiados para las crueles consortes de un dux».

Esta delirante efusión estableció el tono que imperaría en muchas de las futuras críticas, si no en la mayoría, a lo que se añadió el lucrativo elogio que hicieron Inglaterra y Estados Unidos de la «espectacular simplicidad» de la ropa cotidiana de Balenciaga, que, como señaló Harper's Bazaar, «se atiene al principio de que la eliminación de lo superfluo es el secreto de la elegancia».

El propio Balenciaga se atenía a la regla de que el secreto de la alta costura es negarse a toda transigencia. Cuando, en los años cincuenta, otros diseñadores claudicaron ante la inevitable democratización de su negocio y empezaron a producir prêt-à porter, él se negó obstinadamente a aceptar los términos -y los beneficios- de la rendición.

Fueran cuales fuesen sus ideas políticas, durante la Ocupación tuvo la prudencia de no discutir jamás sobre ellas (si bien, de acuerdo con su biógrafo más digno de confianza, Lesley Miller, un inglés especialista en historia del arte, se mofó de la sugerencia de Hitler de que la alta costura debía trasladarse a Berlín, diciendo: «Ya que está, podría llevarse también todos los toros y tratar de formar matadores»). Su carrera era la de un monárquico, y los extremos de su estilo, sorprendentes a veces -austeridad y pompa, extravagancia y reserva, humildad e intolerancia-, no son sino el reflejo de las paradojas de su devoto catolicismo hispánico.

erva_cidreira ha dit...

La piedad y la elegancia pueden parecer incompatibles a primera vista, pero los penitentes y los perfeccionistas tienden a tener mucho en común. El confesor de Balenciaga lo describía como un alma «angustiada», y era un hombre obsesionado con sus propios defectos, así como con los de las mujeres, que aspiraba a superar mediante la creación de una obra indefectiblemente hermosa. Esta lucha lo dejaba siempre insatisfecho, según su amiga Bettina Ballard: «A veces se sentía ansioso y vacío, y otras, con una gran sensación de injusticia».

Cuando Dior se llevó el mérito de haber reactivado el negocio francés del lujo con su silueta corolle de 1947 (bautizada más tarde, de modo más comercial, como New Look), Balenciaga -que, antes de la guerra y en el curso de ésta, había presentado trajes y vestidos de forma similar, con talle de avispa y falda acampanada- se sintió profundamente herido.

Tiene usted que entender que la alta costura del señor Balenciaga no era sólo un estilo de ropa, sino un código de conducta -me explicó Givenchy en marzo pasado, en la inauguración de su exposición-. Tenía la anticuada opinión de que una mujer debe confiarse a un único diseñador.

Cuando el New Look empezó a llamar la atención y algunas clientas lo abandonaron, se afligió mucho por su veleidad, y por la de la prensa. Después de eso, se volvió más introvertido, y se negaba a aparecer en público y a supervisar las pruebas, salvo unas pocas y escogidas.

Destrozado por la repentina muerte de D'Attainville al año siguiente, Balenciaga había decidido retirarse, y sólo la súplica del propio Dior fue capaz de disuadirlo.

...


http://www.eltiempo.com/100/separatas/ARTICULO-WEB-PLANT_NOTA_INTERIOR_100-7684069.html

senses and nonsenses ha dit...

qué se puede decir después de erva_cidreira.
tpc hubiera podido aportar gran cosa. poca curiosidad me produce la moda...
aunque es un mundo, desde luego.

un abrazo.

El Deme ha dit...

Erva Cidreira ya lo ha dicho todo. Nos ha dejado sin palabras.

Uno ha dit...

Indiscutible. ¿O ya se ha dicho?

pon ha dit...

Qué maravilla, el más grande para mí. Siempre que veo un traje suyo pienso que ponérselo debe ser como si un hada madrina te toca con su varita mágica y te convierte en princesa........te hace soñar.

tecla ha dit...

Es una gozada mirar estos vestidos.
Pero sobre todo, que la mujer no necesite ser perfecta y que el vestido lo haga todo.
Valenciaga sí que era un artista de verdad.
Por qué habran de desaparecer estos genios.

Pilar ha dit...

Una reverencia por delante. Cortaba los modelos sobre los cuerpos de las mujeres, huía efectivamente de las costuras, y el arte que tenía se basaba en sus manos prodigiosas y en una telas que hacían palidecer. Conocí a una discípula suya, hoy muy anciana, vasca, espectacular, que creó escuela ella también en una ciudad provinciana como es Murcia, más por los años 60. Su nombre. Mercedes Alberdi Un homenaje merecido, sí señor. Y besos

MM de planetamurciano ha dit...

Lo ke demuestra ke es un genio es ke sus creaciones parecen hechas ayer mismo; no pasa el tiempo por ellas.

Joao Baptista ha dit...

NADA COMO UM HOMEM PARA VESTIR UMA MULHER

@ELBLOGDERIPLEY ha dit...

Unas manos de oro, más que unas manos, algo de magia en ellas, porque es un don, como manejar un pincel, una pluma, una batuta...
Creo que cada vestido es un clásico desde que lo cosió.
Ya han dicho todo comentaristas que conocen el tema mucho más profundamente. La verdad que sobre moda, no sé demasiado...
Pero parece que vivió sus últimos años acompañado de una señora que le ayudaba, que no sé si sigue, pero seguía viva hace poco, y sólo comentó que era un caballero en cada faceta de su vida, hasta en la más mínima.
Petons!

Mery ha dit...

Qué compostura y elegancia tenía él mismo.

Justo ha dit...

¡Tanto que se habla del glamour!
Esto sí que lo era..