
"Aleixandre era muy pudoroso de su condición homosexual por el daño que pudiera hacer a su familia, sobre todo a su hermana, pero a mí me dijo que cuando muriese no le importaba que se supiera la verdad; consideraba que no era ningún desdoro".
Vicente Molina Foix
Vicente Aleixandre, Luis Cernuda y Federico García Lorca
ER: Aleixandre le dice a la madre de Andrés Acero que no se deben volver a ver, pero que "mándele, si habla usted con él de nuevo, un abrazo desde las ruinas de Alejandría, el más bello puerto de mar que jamás habrá existido" ¿es cierto el episodio de Andrés Acero?
MF: Sí, Andrés Acero existió, y vivió su episodio mexicano, con el trágico final reflejado en la novela. Vicente Aleixandre, un gran poeta y maestro del que tuve la suerte de ser amigo, nos contaba, a mí y a otros amigos de su círculo más próximo, estos cruciales amores suyos, entre los que destaca el de Andrés Acero. En vida suya (y sobre todo en vida de su adorada hermana Conchita), Vicente era discreto sobre su homosexualidad, pero la España de hoy, por fortuna, no es la pacata España de la posguerra y el franquismo, y más de una vez Vicente comentó, cuando yo le pregunté a ese respecto, que esa verdad suya contada por él a otros se sabría, y era normal y hasta justo que así fuese. Las cartas que le hago escribir en el primer capítulo de El abrecartas siguen su estilo (conservo más de ochenta que me mandó), aunque, como en el resto de la novela, la escritura es mía.
http://www.ucm.es/info/especulo/numero35/vmolinaf.html
Casa de Vicente Aleixandre en Belintonia 3 - 5 (actualmente calle de Vicente Aleixandre 3) MadridAndrés Acero fue una historia fundamental, no diré que la más fundamental, porque hubo otra posterior,extensa y muy importante, también masculina, en la vida de Vicente, pero Andrés Acero existió y le debo decir –tengo absoluta certeza de ello– que su vida fue como yo la cuento. Es decir, no murió en el frente. Todos los incidentes que yo relato están basados en lo que Vicente contó y lo que los otros amigos de Vicente, como Francisco Brines u otros que podría citar saben muy bien, es todo verdad y, una vez más, está todo contado por mí.
Es decir, yo no conocía a Andrés Acero, que se llamaba así. De hecho, la primera vez que, en mi conocimiento, sale el nombre de Andrés Acero, es en la edición de Alejandro Duque Amusco, de las cartas de Aleixandre, de las prosas, donde hay una gran correspondencia final. Yo tengo cien cartas de Vicente. Yo di también unas cuantas, cinco o seis, y ahí, en una cronología un poco detallada que hay al final, es un poco misterioso. Claro, nadie que no sepa nada lo entiende. Dice: "En 1931 conoce a Andrés Acero". Y nunca más se habla de Andrés Acero en esa cronología. Pero claro, aparece. Bueno, pues Andrés Acero fue una historia muy importante, que fue presentado a Vicente, como yo cuento, inventando la situación, por Federico García Lorca, en una situación que se relata en el libro, en la casa de Belintonia, etc. Los demás incidentes son ciertos: se va a la guerra, el encuentro entre los dos amantes se produjo, la visita de la madre de Andrés Acero se produjo, se produjo el exilio, que yo reinvento en sus detalles y, lo más curioso, se produjo el encuentro de Andrés Acero, hombre derrotado, exiliado, pobre y a punto de morir, como le pasó en realidad, con Carlos Bousoño en México. Todo eso es cierto.
Homenaje a Luis Cernuda (en la cabeza de la mesa) en Madrid, en abril de 1936. Detrás, de pie, Vicente Aleixandre, Federico García Lorca, Pedro Salinas, Pablo Neruda, José Bergamín, Manuel Altoaguirre y María Teresa León. Foto: Fundación García Lorca.
El destino de Andrés Acero, por ejemplo, el gran amor de la vida de Vicente Aleixandre, es un destino que sin la Guerra Civil y la tragedia que desencadenó en su propia vida, en el exilio, etc., habría sido diferente.
http://www.ucm.es/info/fgu/foro/files/conf_vmolina_080307.pdfVEN, SIEMPRE VENNo te acerques. Tu frente, tu ardiente frente, tu encendida frente,
las huellas de unos besos,
ese resplandor que aun de día se siente si te acercas,
ese resplandor contagioso que me queda en las manos,
ese río luminoso en que hundo mis brazos,
en el que casi no me atrevo a beber, por temor después a ya una dura vida de lucero.
No quiero que vivas en mí como vive la luz,
con ese ya aislamiento de estrella que se une con su luz,
a quien el amor se niega a través del espacio
duro y azul que separa y no une,
donde cada lucero inaccesible
es una soledad que, gemebunda, envía su tristeza.
La soledad destella en el mundo sin amor.
La vida es una vívida corteza,
una rugosa piel inmóvil,
donde el hombre no puede encontrar su descanso,
por más que aplique su sueño contra un astro apagado.
Pero tú no te acerques. Tu frente destellante, carbón encendido que me arrebata a la propia conciencia,
duelo fulgúreo en que de pronto siento la tentación de morir,
de quemarme los labios con tu roce indeleble,
de sentir mi carne deshacerse contra tu diamante abrasador.
No te acerques, porque tu beso se prolonga como el choque imposible de las estrellas,
como el espacio que súbitamente se incendia,
éter propagador donde la destrucción de los mundos
es un único corazón que totalmente se abrasa.
Ven, ven, ven como el carbón extinto oscuro que encierra una muerte;
ven como la noche ciega que me acerca su rostro;
ven como los dos labios marcados por el rojo,
por esa línea larga que funde los metales.
Ven, ven, amor mío; ven, hermética frente, redondez casi rodante
que luces como una órbita que va a morir en mis brazos;
ven como dos ojos o dos profundas soledades,
dos imperiosas llamadas de una hondura que no conozco.
¡Ven, ven, muerte, amor; ven pronto, te destruyo;
ven, que quiero matar o amar o morir o darte todo;
ven, que ruedas como liviana piedra,
confundida como una luna que me pide mis rayos!
"La Destrucción o el Amor" (1932-33) Vicente Aleixandre
Con estas confirmaciones que han saltado al pleno conocimiento público de la mano de Vicente Molina Foix, con la publicación de su obra "El Abrecartas", y que han enfurecido a los de siempre y han confirmado los que otros pensábamos, la poesía del Premio Nobel, Vicente Aleixandre cobra aún mayor dimensión si cabe y nos obliga a una nueva relectura de una obra tan hermética como bella.