dimecres, de juliol 15, 2009

Una bonita historia de amor


Que Don Emilio Castelar es una figura preeminente de nuestra historia es algo que no se le escapa a nadie, Catedrático de historia filosófica y crítica de España, en la Universidad de Madrid desde 1857, periodista en diversas publicaciones, tales como La Tribuna, La Soberanía Nacional, o La Democracia, separado de su cátedra por criticar abiertamente a la reina Isabel II, en 1866 fue encarcelado y condenado a muerte, pero logró escapar exiliándose en París. En 1868 tras "La Gloriosa" regresará a España, se opondrá al nombramiento de Amadeo de Saboya como rey y apoyará la proclamación de la República. Diputado en las Costes Constituyentes de 1869 por Zaragoza. Ministro de Estado en el gobierno de Figueras al proclamarse la República, Hasta llegar a ser el cuarto y último presidente de la primera República Española.
Pero no no vengo a hacer un recorrido por la vida pública de tan importante personaje, sino por otra historia, una preciosa historia de amor que vivió Don Emilio Castelar cuando contaba cincuenta años y fue herido por las flechas de Cupido, el causante de esta pasión no sería otro que un joven mozalbete navarro de veinte años, un joven de indudable belleza y que con el tiempo acabaría siendo una persona reconocida, respetada e íntimamente ligada a la ciudad de Madrid, este joven era José Lázaro Galdiano.


Entre ambos se fraguó una relación sentimental, según parece, ardorosamente correspondida, lo cual insuflaría de paso nuevos ardores a los discursos de Don Emilio Castelar, con las cortes cerradas debido a la Guerra de Cuba y la tercera Guerra Carlista y el Cantonalismo, el joven Galiano era su sosiego en medio de tanto tajín así como de una serie de decisiones duras para las cuales no le tembló el pulso a la hora de recurrir a diversos generales sin tener en cuenta sus ideologías.
Por su parte el joven Lázaro fundaría por aquella época (con la ayuda del presidente) la que fue considerada la mejor revista de arte de la época "La Edad Moderna" y por la que desfilaría las plumas más brillantes del hemisferio.


Pero la diferencia de edad e intereses encontrados acabarían dando al traste con esta bonita historia. Castelar moriría en 1899 en San Pedro Pinatar, y el joven Lázaro conocería a una madura viuda de origen argentino, Dña Paula Florido y Toledo. El resto de la historia ya es conocido.

Bibliografía:

"Reyes que amaron como reínas" Fernando Bruquetas Ed: La Esfera de los libros
"Para Entendernos" Albert Mira, Ediciones La Tempestad

18 comentaris:

tecla ha dit...

Encantadorahistoria que desconocía por completo.
Gracias P. Jota. Mi desconocimiento es la causa de mi admiración por lo que escribes.
Un abrazo.

tecla ha dit...

No sé si me he expresado bién, pero como sabes mucho me comprendes.

Eduardo ha dit...

Pues mira, no lo sabía. Siempre aprendiendo bajo Libra...

pon ha dit...

Mira, esto no lo sabía yo, hay que ver Castelar y Lázaro Galdiano, que me sé su museo de memoria!!!! Hay que ver hay que ver..........

pon ha dit...

Mira, esto no lo sabía yo, hay que ver Castelar y Lázaro Galdiano, que me sé su museo de memoria!!!! Hay que ver hay que ver..........

Jose ha dit...

No sabia esta historia, me ha parecido emocionantisima, lástima que tuviera un final tan poco feliz. Pero la verdad tuvo que ser bonita.

Un saludo desde el sur

ixilik ha dit...

A veces con personajes celebres y homosexuales, me da la sensación de que una vez salidos del armario, en su círculo, y más en épocas anteriores, pierden el miedo a arrancar para adelante , con otros riesgos, ya sean monarquías, o diferencias de edad.

ixilik ha dit...

A veces con personajes celebres y homosexuales, me da la sensación de que una vez salidos del armario, en su círculo, y más en épocas anteriores, pierden el miedo a arrancar para adelante , con otros riesgos, ya sean monarquías, o diferencias de edad.

Joao Baptista ha dit...

Sempre cheio de cultura e histórias o nosso amigo

Pilar ha dit...

No tenía ni idea. De lo que sí de esa publicación, La Edad Moderna. En este tipo de publicaciones, además de la información periodística propia de la época, destacan las ilustraciones, auténticas joyas. Esos dibujos a plumilla, los grabados... una maravilla.

mistercloset ha dit...

PJ, como siempre me dejas 'como muerta' con estas retronoticias alucinantes.

senses or nonsenses ha dit...

'como muerta'2.
yo tampoco sabía que don Emilio Castelar era uno de los nuestros...

un abraazo.

@ELBLOGDERIPLEY ha dit...

Nen, un treure de closet històric:-), como mola. Y yo pensando que Lázaro-Galdiano y Castelar eran "straight" y todo...Mola muchísimo.
Pues no estoy seguro, pero hay un Panteón precioso, que visité hace bastantes años, casi desconocido, y creo recordar que está uno de los dos...Ves, eso me joroba, tanta memoria, tanta memoria...y también alguien podría preocuparse porque estuvieran junticos...
Petonets.

El Deme ha dit...

Curiosa conexión entre estos dos interesantes personajes. Dios los crea y ellos se juntan. Pues fueron muy influyentes en la época, tanto tomar café, copa y puro y luego siesta, es que no podría ser otra cosa.

Xavier ha dit...

Vides conegudes, histories personals molt internes i entranyables.
Magnífic apropament a las realitats per sort cada cop mes “acceptades”, com sempre gracies, mai havia tingut coneixement d’aquets fets.

Madame X ha dit...

De lo que se entera una... Cómo me gustan estas historias de amor.

A este paso, nos acabarás descubriendo que Franco y Millán-Astray eran amantes, por poner un ejemplo. Cosa que no me extrañaría nada. Sería una historia con nada de encanto, pero morbosa un rato... ¿eh?

Justo ha dit...

Yo soy otro más de los que desconocía todo sobre esto. Te imaginarás que me ha encantado la historia... muchas gracias por descubrírnosla.

(A la querida Madame X: lo siento, pero no. Bastante tenemos con los rumores sobre Hitler como para que se meta ahora a Franco en nuestro saco. Ah, eso sí que no. Heterosexual hasta la médula, que cada palo aguante su vela...).

Carlos Be ha dit...

Y ciento cincuenta años después siguen los prejuicios... ¿Adónde vamos?