dimecres, de febrer 18, 2009

Antonio Pérez (1540-1611)

Antonio Pérez por Alonso Sánchez Coello

Antonio Pérez es un personaje cuya vida da mucho de sí.
Antonio Pérez, más conocido como "El Pimpollo de Madrid" posee un oscuro origen, lo que sí se sabe es que en 1542 sería legitimado como hijo de Gonzálo Pérez por parte del Emperador Carlos I, del cual era secretario.
El joven Antonio se criará en las tierras de Ruy Gómez de Silva, Príncipe de Éboli (casado con la famosa Ana de Mendoza, sobre la que se han vertido ríos de tinta), el cual se encargará de supervisar la educación del joven, lo cual le permitirá cursar estudios en Alcalá de Henares, Salamanca, Lovaina, Venecia y Pádua. Esta relación según parece iba más allá de la de un pupilo y su protector, ya que parece bastante cierto que eran amantes.

Gracias a la influencia del Príncipe de Éboli y a su amistad con el futuro FelipeII, Antonio Pérez pasará a ser secretario personal del futuro monarca, puesto en el que se mantendrá cuando en 1556 Carlos I abdica en su hijo, convirtiéndose en secretario de Estado tras la muerte de su supuesto padre en 1566. Esto le convertirá en uno de los hombres más poderosos de España, aunque sus atribuciones sólo estén centradas en los asuntos atlánticos.
Pero como quien dice, la ambición rompe el saco, y tras una época en la cual gozó de la plena confianza del monarca, esta comienza a resquebrajarse al intentar Antonio López hacerse con los asuntos Mediterráneos tras la muerte de su titular, Diego Vargas.

Ruy Gómez de Silva, Princepe de Éboli

En 1577 había muerto su "protector" el Príncipe de Éboli, y Antonio Pérez había pasado a liderar la facción liberal, lo cual le llevará a estar enfrentado con la opción más conservadora, la representada por la Casa de Alba. Por su parte comenzará una alianza con la viuda, Ana de Mendoza, de la que también pasará a ser amante (primero el marido, y ahora consuela a la viuda), mujer fascinante donde las haya habido en la historia de España y a quien el hecho de haber perdido un ojo no mermó en belleza. Esta alianza les reportará a ambos amplios beneficios tanto económicos como políticos, pero también la ruina, ya que el tráfico de información privilegiada conque contaba la Princesa de Éboli, gracias a Antonio Pérez y el uso de esta no pasó desapercibido al Duque de Alba.
Por otra parte las intrigas de Antonio Pérez para enfrentar a Felipe II, más de lo que ya estaba, con su hermanastro Juan de Austria fracasarán ante los continuos rumores sobre el asesinato de Rafael Escobedo, emisario de Don Juan de Austria ante la Corte, y la posterior llegada de los documentos privados de Don Juan tras su muerte.

Ana de Mendoza, Princesa de Éboli

Produciéndose la caída en desgracia la Princesa de Éboli y de Antonio Pérez al quedar al descubierto sus intrigas y el tráfico con documentos de Estado.
Ana de Mendoza será recluida de por vida en su palacio de Pastrana, mientras Antonio Pérez es detenido y puesto en libertad, pero vigilado debido a sus documento y al temor a que este involucrara al monarca en el asesinato de Escobedo, bueno mas bien que dijera la verdad, pero las presiones de la familia de Escobedo logran que sea detenido de nuevo en 1585 y encarcelado. Bajo tortura confesará su implicación el asesinato de Escobedo.
En 1590 logra huir con destino a Aragón gracias a la ayuda de su mujer, donde encontrará refugio, no obstante Felipe II requerirá al justicia de Aragón para su entrega bajo los cargos de asesinato de Escobedo, tráfico de secretos de estado y huida de prisión, mientras en Madrid había sido condenado a muerte. Pero Felipe II no las tenía todas consigo ante la justicia aragones, y ante una sentencia desfavorable recurrirá a la Inquisición, algo ante lo que la justicia aragonesa no podía negarse. La Inquisición lo procesó, entre otras cosas, por sodomía. La acusación se vio confirmada en 1591 por la Inquisición de Madrid, que había interrogado y torturado al paje Antón Añón hasta la muerte. No obstante la sublevación de Aragón contra la Corona y a favor de de Antoni Pérez hará que los planes del monarca fracasen, ya que una vez sofocada la sublevación Antonio Pérez escapa a Francia donde contará con el apoyo del rey Enrique IV de Francia y Navarra, posteriormente vivirá en Inglaterra, dando información sobre cuestiones de Estado, que servirán para el ataque sobre Cádiz en 1596, y poniendo las bases para la vreación de la leyenda negra entorno a Felipe II.

Morirá en 1611 en París en la pobreza total.

15 comentaris:

Lobogrino ha dit...

Una semana sin visitarte y me encuentro chorrocientos mil artículos a cual más interesante y complejo.
¿Pero de dónde sacas el tiempo y el material?.
No me lo explico.
Un abrazo entrañable.

Vulcano Lover ha dit...

personaje digno de una novela de Mujica Lainez.

Luz de Gas ha dit...

¿Una novela? Una teleserie de tropecientos capítulos.

La España negra y eso que con el de Gala me hacía un lío

Breckinridge ha dit...

Siempre le vi como un antecesor de los gays británicos, tipo Anthony Blunt, conectados al poder de Su Majestad, que espiaban para la URSS y se pasaban al otro bando descaradamente en cuanto había problemas (me viene a la cabez "Another Country").

Homosexualidad y espionaje, ahí hay un tema a explorar.
Enhorabuena, como siempre.

Justo ha dit...

Mi querido Pe, nadie sino tú podía relatar una historia como ésta, sepultada por el tiempo.

Aunque acabara muriendo en la pobreza total, ¡cuánto me alegro de que escapara de la Inquisición!

Un abrazo muy fuerte

Capri c'est fini ha dit...

Me encanta esta historia y ya había leido sobre ella. Me parece apasionante porque supone una situación en el auge del imperio español que podría ser lo que son los pasillos de la Casa Blanca hoy en día.
Me parece insólito, además, es que a nadie se le haya ocurrido tomar esta historia como material para una buena película de intrigas palaciegas. No un de cartón piedra como las que se suelen hacer (véase La conjura de El Escorial) sino una buena película de época "a la francesa" como La reina Margot. Pero se ve que no sabemos vender bien estos capítulos tan interesantes de la Historia. Menos mal que te tenemos a ti para recordárnolos...

Un fuerte abrazo.

pon ha dit...

Homosexual? Más bien bisexual, cosa no tan extraña por entonces. Por entonces no existía esa especie de exclusividad de género sexual que padecemos ahora.

La novela de Gala, tan espesa como todas las suyas, es buenísima, un fresco histórico de primera magnitud, con una precisión histórica que es un placer disfrutar, en estos tiempos de códigos malditos y estúpidos best-sellers de vampiros, adolecentes y templarios resucitados. Eso si, te tiene que gustar la literatura de Gala. Pero como investigación histórica, para quitarse el sombrero.

Eduardo ha dit...

Que no te tengo abandonado, que es que os tengo a todos abandonados. Que no tengo tiempo ni para mi blog. De hecho estoy tan amargo ultimamente que me está apeteciendo dejarlo, y hablo en serio.
Sobre Antonio Perez hay mucho dicho y poco sabido. A Aragón le costó su fuero (o gran parte de él) y al Justicia su cabeza. Pero lo de su homosexualidad no lo sabía. Me sorprende que consideréis su historia sepultada, porque la causa de António Pérez se ha estudiado hasta hace bien poco, pero sí, tenéis razón en que la historia en España está siempre sepultada, o cada vez más. Yo intento beber de fuentes británicas, porque otra cosa no, pero tienen un cierto respeto por la documentalidad. Pon, jajaja, lo de atribuir al siglo XVI español (o europeo) libertad sexual... con la Santa Inquisición rondando por las calles... En fin, que saliendo de lo que pueda ser o no historia ficción ( o no), un post genial, como siempre.
Y que a todos os prometo que voy a veros en breve. BESAZOS A TODOS

pon ha dit...

Uyvá, no he dicho en ningún momento nada de libertad sexual. He dicho que en esa época como en otras de la Historia, la bisexualidad no era extraña ni se consideraba rara, no como ahora que parece que solo puedes ser hetero y homo, y es una postura que he encontrado más enconada todavía entre muchos homosexuales. No se entiende que se puedan tener relaciones con los sexos, es una especie de fundamentalismo exclusivista muy inquisitorial...... Pero de ahí a libertad sexual va un mundo y repito, nunca lo he dicho ni lo he atribuído a nadie. Por si te quedan dudas de lo que dije, te lo transcribo:
"Homosexual? Más bien bisexual, cosa no tan extraña por entonces. Por entonces no existía esa especie de exclusividad de género sexual que padecemos ahora."

Creo que ta bastante claro.

senses or nonsenses ha dit...

touché....
he aprendido mucho, con el post y con vuestros comentarios. (¡qué época pás pbponita!)
no conocía al personaje. me han entrado ganas de leer la novela de Gala.

besos.

AntWaters Daza ha dit...

Pobre pimpollo, pe-jota; ¡tanto trepar pa morirse inmerso en las miserias! ¿Cuántos años vivió?

Hummm, si no se sabe cuándo nació es difícil; lo es hasta creyendo saberlo, así que… Lo digo porque, bueno, yo para hacer todo eso necesitaría tres vidas; si es que ese hombre no paró quieto. Interesante época esa.

Besos a la cuadratura del círculo.

Xavier ha dit...

Com moltes altres vegades son desconeixedor d’aquest personatge.
Un tot terreny, un 4 x 4, interessantíssima vida la del “pimpollo de Madrid”, realment venen ganes de llegir l’historia.

La pistola de Larra ha dit...

Es que los asuntos de los mares eran bien delicados. El Atlántico fuente de riqueza con América, el Mediterráneo con el Europa y el norte africano. La avaricia rompe el saco, ya me lo decían en casa de pequeña, no sé por quéeee.

Madame X ha dit...

Siempre me ha fascinado la Princesa de Éboli, pero en vista de cómo presentas a este personaje de la corte de Felipe II, la fascinación se extiende también a él. Ríete tú de las novelas de intriga, como sucede a menudo, la realidad supera a la ficción.

leopold estape ha dit...

Según Gregorio Marañón era un buen chico al que "contaminaron" de homosexualidad en esa inmoral Italia. La lista de amantes, según Marañón, era enorme. pajes, criados, incluso algún caballero con espada. Ello ha llevado a Miguel Cabañas Agrela("Reyes sodomitas") a señalarlo como un verdadero Don Juan gay en la España de Felipe II.